Bienvenidos a "Cosas de letras"
¡Aicad Maragat! Sean bienvenidos a esta página que pretende ser una ventana abierta a la Asociación Cultural Tagoror Maragat Hirgwán y sus proyectos de difusión, estudio, y práctica de esta modalidad lúdico-deportiva que aúna cultura y deporte en una misma actividad.
La parte deportiva de esta iniciativa queda cubierta con la propia práctica del juego y nuestra participación en muestras y talleres. También con un serio desarrollo de la tecnificación de nuestro estilo que vendrá acompañado de imágenes y explicaciones que faciliten su entendimiento y quedarán explícitas para futuras generaciones.
La creación de una asociación que reúna a jugadores de diferentes estilos también es un propósito, por crear una inercia diferente que aglutine a personas entorno a una misma idea, el Juego del Palo Canario ¡Qué es mucho más que un juego! aunque alguno no lo entienda.
La parte cultural la cumplimentaremos con nuestra otra pasión, la literatura, el valor de nuestras letras, nuestra forma de contar e interpretar el mundo desde los ojos del isleño, y por ser esta sin lugar a duda, nuestra mayor seña de identidad.
Desde esta plataforma que recién empieza, apoyaremos como hemos hecho hasta ahora las obras que sigan esa línea, incluyéndolas dentro de la “Colección Hirgwan” compuesta hasta la fecha por una quincena de títulos que detallaremos más adelante, y forman parte de nuestra humilde contribución.
Utilizaremos este espacio para acercar al lector a una antología de la Narrativa Canaria del siglo XX, dando un repaso a autores de las islas de ese periodo tan prolífero de las letras canarias publicando relatos que pongan en valor nuestras forma de contar, nuestro léxico y óptica del mundo.
Qué no se olvide la obra de Luís y Agustín Millares, de Secundino Delgado, de Benito Pérez Armas, de Ángel Guerra, de Rodríguez Figueroa, Miguel Sarmiento, Claudio de la Torre, Agustín Espinosa, de Doreste y Néstor Álamo, de Pancho Guerra y Félix Casanova, de Pedro Lezcano y Julio Tovar, de Rafael Arozarena y Luís Feria, de Chávez y Tarajano… y tantos otros escritores que no conocimos por nuestros profesores del instituto, ni nos hablaron de ellos durante la clase de literatura, ni circulan por los grandes mercados de la palabra, pero dejaron la impronta isleña en su obra y eso merece atención.
Y ustedes dirán ¡En esta relación no hay ni una sola mujer! y no les falta razón. En la tradición literaria de Canarias (y esto también sería aplicable al del resto del mundo) los hombres han acaparado los estantes de las librerías. No por ello debería sorprendernos la cantidad de escritoras maravillosas que esta tierra ha parido y han sido relegadas a un segundo plano solo por ser mujeres en un mundo de hombres. Así pues, ellas tendrán su sección, por necesarias, por importantes, por ser motor de todo movimiento, y porque no permitiremos que se silencie la voz de Vitorina Bridoux, de Pino Betancor, de Cesarina Brito, de Chona Madera, de Josefina Pla, de Nivaria Tejera, de María Padrón, de Pepa Aurora, de Balbina Rivero, de Fátima Cabrera, de Tina Zamora… y tantas otras sensibilidades, que al igual que los anteriores, con mayor mérito por hacerlo en una realidad de hombres, dejaron una visión particular de esta tierra.
Este soporte debe servir para destacar la huella isleña allá donde han estado, para producir estima y amor a ese legado, sin olvidar las señales que los otros nos dejaron e hicimos a nuestra mano, conformando al canario del siglo XXI.
Sabemos de nuestro mestizaje desde los aborígenes, y lo valoramos como nuestro mayor bien, por estar en consonancia con nuestra Historia pasada, presente y futura, un relato mestizo que comienza con el periodo prehispánico, la esclavitud, la aculturación, los Tributos de Sangre y nuestro rol en América, y la suma de influencias de todos aquellos que para bien o para mal, pasaron por las islas convirtiéndonos en lo que somos hoy, pero sin perder por ello un ápice de identidad, un fisco de canariedad.
Hace unos meses, mi compañero Dimas me hablaba de las Décimas o Espineles, una métrica inventada por Vicente Espinel en 1591, un judío sefardí de aquellos que los Reyes Católicos expulsaron de España e incorporó la sexta cuerda a la guitarra española y esa conversación va a servirme para explicar la línea que queremos seguir, la memoria que queremos transmitir.
“Nos miramos al espejo del relato impuesto y no nos reconocemos del todo, algo nos falta. No nos sentimos orgullosos de lo ocurrido, no lo tenemos como un ejemplo a seguir, no es edificante ni especialmente memorable. Consecuentemente, es necesario, sin duda, mirarnos al espejo de la otra cara de la Historia”
Teodoro Ríos
Con la expulsión de los sefardíes, parte de aquellos judíos marcharon al norte de África, y hoy los Espineles están presente en sus plegarias y se escuchan en sus sinagogas a diario. Otros, se trasladaron a los Países Bajos y esa misma métrica forma parte de su poemario. Algunos marcharon a América, y al llegar a la Argentina la Décima se convirtió en Tango, y al cruzar los Andes y llegar al Uruguay se transformó en Milonga ¡Qué cosa! Por esas cosas que tiene la cultura de moverse por inercia llegó a Cuba, y allí tomó otro aire para rehacerse en Son Montuno. Luego los canarios, mayoría palmeros, que regresaron durante el siglo XIX la trajeron consigo y hoy forman parte de nuestro folclore en forma de Décima Canaria y Punto Cubano ¡Hay que joderse! ¡A ver quién le dice a un uruguayo que la milonga viene de un judío sefardí de Málaga! o a un cubano ¡Qué el Montuno tiene la misma medida! o a un canario ¡Qué la Décima es ajena!
En esta página que pretende combinar deporte y cultura, pondremos especial hincapié en trasmitir nuestro acerbo, esa memoria que parece disolverse con el paso del tiempo por desinterés de todas las partes, y por los cambios que se están produciendo en un mundo globalizado, desmemoriado y manipulado, que muta en otra cosa y nosotros con él, como hemos hecho tantas veces a lo largo de nuestra desconocida historia, solo que en esta ocasión corremos serio peligro de no reconocernos cuando nos miremos al espejo y terminemos preguntándonos con pena ¿Este soy yo? o ¿En qué me he convertido?
El Hirgwan.