Aproximación Histórica.

 

De Leonardo Torriani - Descrittione et Historia del Regno de Isole Canarie.

Historia

APROXIMACIÓN HISTÓRICA.

Esta práctica ancestral, comprende una doble concepción; por una parte como actividad física, aspecto que analizaremos en otro apartado de este trabajo, y en la otra vertiente, representa una manifestación cultural que es reconocida como seña de identidad del pueblo canario. Para entender mejor este planteamiento, tenemos que analizar la evolución y el desarrollo que ha tenido que sufrir durante siglos hasta llegar a nuestros días, por ello, es necesaria la exposición de una breve síntesis histórica, diversificada en tres periodos cronológicos:

  • ETAPA ABORIGEN. Hasta la Conquista de las islas por la Corona de Castilla.
  • ETAPA INTERMEDIA. Desde la conquista hasta finales del siglo XIX.
  • ETAPA ACTUAL. Que comprende el presente siglo.

ETAPA ABORIGEN:

Los aborígenes canarios tenían una cultura material muy poco desarrollada, desconocedores de la fabricación y el uso del metal, empleaban como instrumentos de trabajo y armas lo que el medio natural les ofrecía: piedras, huesos, palos y el propio cuerpo.
Referencias escritas de esta época, han llegado hasta nuestros días gracias a los cronistas de la conquista y a los historiadores posteriores, que exponían sus trabajos documentales en base a datos aportados por los primeros y los testimonios orales recogidos de los supervivientes. La información que nos ha llegado a través de estos textos y por los restos arqueológicos conservados, fundamentan la utilización de una amplia variedad de palos que abarcan distintos tamaños y grosor, siendo usados como instrumentos laborales o beligerantes, según fuera tiempo de paz o de contienda, y con una amplia variedad en sus denominaciones.
Al respecto de las denominaciones, Ossorio recoge que Álvarez Delgado apunta hacia que el común de “tamasaque, amusoco, mosoco, etc…” viene del bereber «golpear con fuerza», mientras que «banote, banot, etc…” viene también del bereber «lanzar», por lo que estas dos denominaciones en algunos casos no se corresponden con el significado actual del término, como es el caso de vara, garrote, etc… Explicaría esta apreciación la diversidad reinante respecto a la amplitud de acepciones recogidas en las citas.

En el libro «EL JUEGO DEL PALO CANARIO» de Ángel González y Guillermo Martínez, se realiza un detallado compendio de las citas más relevantes que nos han legado los cronistas.
Entresacamos de dicha obra las siguientes narraciones:

Fray Alonso de Espinosa. «Historia de Nuestra Señora de Candelaria», 1546. (historia010) De gran valía para sustentar esta documentación y los argumentos esgrimidos, y que podemos considerar otra fuente de primera mano, es la conservación en el Museo Arqueológico de Santa Cruz de Tenerife y en el Museo Canario de las Palmas de Gran Canaria, de palos de varias formas, grosores y tamaños, entre los que se encuentran algunos muy similares a los utilizados en la actual modalidad de palo medio o vara, y que están en clara relación con las referencias explícitas que hacen algunos cronistas. Así Abreu y Galindo nos relata que en Fuerteventura y Lanzarote: «… Salíanse al campo a reñir con unos garrotes de acebuche, de vara y media de largo,» precisamente la longitud apropiada para la práctica del palo medio o normal.

González y Martínez , apuntan de esta época, la existencia de muchos desafíos que quedaron constatados en forma de cuentos, como es el caso del de Ángel Guerra (“El Justicia del Llano”) y de Benito Pérez Armas («¡Que te pierdes Pedro!”), recreación literaria de la obra «Historia del Pueblo Guanche» de Juan Bethencourt Afonso (1847-1913). Este último es de especial interés porque recoge la existencia de dos tipos de juegos bien diferenciados, a finales del siglo pasado y comienzos del actual: «(…) el majorero de <> en el que domina el molinete y palo largo, mejor para defensa que para ataque, el segundo de <>, más ligados los palos de <> rápido, donde privan los amagos y tan pronto se hace el quite con un extremo del palo como se ataca con el otro.»
«En la escuela de trozo y punta el juego es más ligado, más agresivo, más rápido el desande, cubre mejor y abruma por los falsos amagos».

Se conocieron como jugadores afamados de esta época y principios de la siguiente a: José y Nicolás Morales en Tenerife. En Fuerteventura, Juan y Leoncio Camejo y Ruperto Martín. En Gran Canaria, destacaron sobremanera «Frasco» Manuel Pérez y Juan «el pino», protagonistas de un famoso desafío que ganó el primero.

González y Martínez también recogen las siguientes referencias de este período posterior a la conquista:

Compendio anónimo de Historia de Canarias. Primer cuarto del siglo XVIII, en el que se hablaba de las costumbres culturales procedentes de los antiguos pobladores: «Son también agilísmos para jugar al palo, burla tan pesada que parece menos arriesgado el que dos riñan con espadas, pues en sus juegos, si se descuida de quitar un golpe matan a un hombre.»A. Diston: grabado de 1828: «Paisanos de Fuerteventura y Lanzarote» en postura del juego, lucha del palo.g. Diston: Relato de 1829 (referido a los naturales de Fuerteventura):«Su arma favorita es el palo largo o garrote muy corriente en la isla, lo usan con gran entusiasmo cogido por el centro con ambas manos dando golpes o protegiéndose con gran destreza y fuerza.»




B. Carballo Wangüemert
B. Carballo Wangüemert: 

«Las Afortunadas. Viaje descriptivo a las Islas Canarias.», 1862 (referido a las islas occidentales):«El arma ofensiva y defensiva entre las gentes del campo no es la navaja, el puñal, el cuchillo ni ningún otro instrumento de esta especie, es simplemente un grueso y alto palo que les acompaña a todas partes y en cuyo manejo muestran su destreza y agilidad.»

R. Fraga Grama:

(Ossorio, 1978), «Biografía de un tinerfeño ilustre: el Venerable Hermano Pedro.”:“(…) En Guatemala dicen los Biógrafos de Hermano Pedro que éste utilizaba la lanza para ahuyentar a los perros cuando, a altas hora de la noche, andaba por las calles de Antigua Guatemala y aquellos le salían al paso.” Esta práctica ha sido usual en los jugadores de palo a los que se pedía controlasen animales asalvajados, como perros y camellos, como relata D. Tomás Déniz.



A partir de mediados del siglo XIX, se empiezan a tener noticias orales directas del juego del palo, así tenemos conocimiento de la extraordinaria calidad de los jugadores majoreros (naturales de Fuerteventura) en este momento y del gran desarrollo del juego en la isla de La Palma. También se tienen noticias del juego del palo en todas las islas a finales del siglo XIX. En estos momentos, los majoreros, emigran a todas las islas por motivos de necesidad y así llegó a San Andrés Pedro Pestano, respetado como gran jugador de palo y que sería el maestro del que posteriormente se conocería como el mejor jugador de la época: José Morales, fundador del estilo que lleva su nombre.

González y Martínez , apuntan de esta época, la existencia de muchos desafíos que quedaron constatados en forma de cuentos, como es el caso del de Ángel Guerra (“El Justicia del Llano”) y de Benito Pérez Armas («¡Que te pierdes Pedro!”), recreación literaria de la obra «Historia del Pueblo Guanche» de Juan Bethencourt Afonso (1847-1913). Este último es de especial interés porque recoge la existencia de dos tipos de juegos bien diferenciados, a finales del siglo pasado y comienzos del actual: «(…) el majorero de <> en el que domina el molinete y palo largo, mejor para defensa que para ataque, el segundo de <>, más ligados los palos de <> rápido, donde privan los amagos y tan pronto se hace el quite con un extremo del palo como se ataca con el otro.»

«En la escuela de palo largo, domina la defensa a la acometividad, la pujanza a la ligereza y si bien cuando se toca sus efectos son temibles, la velocidad se halla sacrificada a la potencia, los cambios son más lentos, el jugador se descubre con frecuencia y requiere grandes alientos para prolongar el combate».
«En la escuela de trozo y punta el juego es más ligado, más agresivo, más rápido el desande, cubre mejor y abruma por los falsos amagos».

Todas estas citas son buena muestra acerca de la situación del Palo Canario hasta ese momento. Es necesario matizar, que por los estudios realizados, tenemos que aceptar que en esos tiempos no existía una clasificación del palo atendiendo a sus peculiaridades propias (donde predomina especialmente el tamaño de los palos para diferenciar las modalidades existentes y las denominaciones establecidas al respecto), por ello, es generalizado el criterio entre los jugadores de palo, por la transmisión oral recibida de sus maestros, que a finales del siglo pasado y principios del actual, los términos garrote, estaca, bastón y vara entre otros, eran genéricos del «palo» y se denominaban de forma indeterminada para cualquier tipo de tamaño, de ahí que se sustente que Palo Canario sólo hay uno, aunque con diferentes modalidades y estilos.

Se conocieron como jugadores afamados de esta época y principios de la siguiente a: José y Nicolás Morales en Tenerife. En Fuerteventura, Juan y Leoncio Camejo y Ruperto Martín. En Gran Canaria, destacaron sobremanera «Frasco» Manuel Pérez y Juan «el pino», protagonistas de un famoso desafío que ganó el primero.
Se dio la circunstancia de que durante esta época se produjo el mecenazgo sobre luchadores que en ocasiones también eran jugadores de palo renombrados, lo cual fomentó encuentros entre ellos.

Se recuerdan núcleos de juego en diversas zonas de esta isla, aunque sólo de palo medio o vara. Destacan sobremanera Eugenio Díaz «La Verga» y Polo Acosta, ya que ambos harían escuela al perpetuar su dinastía familiar. Sin embargo el núcleo más importante tendría su enclave en San Andrés (Santa Cruz de Tenerife), donde tuvo lugar la creación de la primera Escuela de Palo Canario que se conoce, en la que José Morales, rompiendo con las tendencias anteriores, enseña su arte a distintas personas que no eran familiares ni allegados como era costumbre, además de ser un gran innovador con preferencia del «juego corto» y los «vacíos» (aunque también dominaba el «juego largo»). La primera generación de esta escuela contaría con jugadores de distintas partes de la isla e incluso llevó su magisterio a Cuba, donde estuvo en varias ocasiones. Nicolás Morales (hermano del citado José), también fue fundamental en la instrucción del Palo Canario de la Escuela de San Andrés.

En la Palma, también se conoce la presencia de jugadores de palo medio. En Fuerteventura, a pesar de ser la cuna de los mejores jugadores de la época anterior, no se recuerdan más que jugadores de palo grande («Lata») en estos tiempos. En Lanzarote se practicaban ambas modalidades, aunque sólo se recuerda nombres de jugadores de vara. En el Hierro existieron renombrados jugadores de vara, sobre todo en dos zonas: San Andrés y el Pinar. En Gran Canaria los jugadores más nombrados son los del palo grande, sobresaliendo la familia Calderín de Valsequillo. Por último en La Gomera, se recuerda la existencia de jugadores de palo chico.

A Sedeño. «Historia de la conquista de Gran Canaria».

«Eran los naturales de Canarias de buena altura, más que mediana, bien dispuestos sus miembros, ligeros en gran manera y de gran destreza en la pelea con las armas que traían, que eran a modo de espada de palo tostado y de madera muy recia. Tomábanla por el puño y algunos a dos manos, como montante y era un arma muy recia…La espada llamaban majido».

«Las armas ofensivas conque peleaban, que defensivas (si no eran los tamarcos que rodeaban al brazo, unas pequeñas tarjas de dragos) no las tenían, eran unas varas tostadas aguzadas, con ciertas muescas a trechos y con dos manzanas en modo que encajaban la mano para que no desdijese y porque fuese con más fuerza el golpe. Estas varas tostadas o lanzas llamadas banot, con estas peleaban a manteniente.»
Antonio de Viana. La Conquista de Tenerife», 1604.

«Las armas ofensivas que tuvieron, que ninguna usó defensiva, eran muy gruesas mazas o bastones de tronco o pimpollos de los árboles, que jugaban ligeros a dos manos…»

Abeu y Galindo.
 «Historia de la Conquista de las 7 Islas Canarias», 1632.

Lanzarote y Fuerteventura: » Tenían muchos desafíos. Salíanse al campo a reñir con unos garrotes de acebuche, de vara y media de largo, que llamaban teseses.»

Gran Canaria: «Las armas con que los canarios peleaban y tenían sus pendencias eran, como en las demás islas unos garrotes con porras a los cabos que llamaban magados y varas puntiagudas tostadas que llamaban amodagas».

El Hierro: «No tenían ningún género de armas sino eran unos bordones que traían cada uno de tres dedos de grueso, y de tres varas de cumplido, que untaban con tuétanos de cabra para ponerlos amarillos, que llamaban banodes o tamasaques, y aunque estos bordones servían de armas, más los traían para ayudarse al caminar por la fragosidad de la tierra que para su defensa…»

La Palma: «Las armas con las que peleaban eran unas varas tostadas a las que llamaban mocas; y no dejaban de tener sus competencias y debates de que para ofender y defender usaban…»

Marín y Cubas. «Historia de las 7 Islas de Canarias», 1870.

Este historiador que recoge la historiografía oral de la conquista relata una lucha con palos en la que también coincide Abreu y Galindo. La cita de Marín y Cubas, es la siguiente: «…Volvieron otra vez a La Palma a robar al término de Aridane, que hoy llaman Los Llanos, les salió al encuentro una mujer muy alta, a modo de giganta, gruesa, blanca y rubia en gran manera y dijo que se llamaba GUAYANFANTA, y que trataran de volverse, y siete hombres con espadas y rodelas la cercaron para prenderla o matarla y ella tan varonilmente se defendió sola con un palo, que fue admiración (…)”.

Todas estas referencias ilustran la utilización guerrera del palo por parte de los aborígenes, pero existen otras muchas que atestiguan su uso en tiempos de paz. Quizás la más importante de ellas, es la recogida en la obra de Leonardo Torriani, «Descripción de las Islas Canarias», fechada en 1584. Este autor, nos legó uno de los más valiosos testimonios sobre los «desafíos» llevados a cabo entre los aborígenes canarios, acompañando su narración con un grabado ilustrativo. Dicho texto, referido a Gran Canaria, nos dice: «…Las armas de los canarios eran unos bastones cortos a manera de maza de un hombre de armas. Cuando los canarios se desafiaban a duelo, iban al lugar señalado para ello, que era una plazoleta alta, que en cada extremo tenía una piedra llana, grande tan sólo cuanto podía mantenerse encima de ella un hombre de pie. Primeramente cada uno de ellos se ponía encima de su piedra, con tres piedras en la mano, para tirárselas, y con tres más de las que se servían para herirse, denominadas tahuas, y con el bastón llamado magodo o amodeghe. Primeramente se tiraban las piedras, que hurtaban con destreza, meneando el cuerpo, sin mover los pies. Después bajaban en tierra y se enfrentaban con los magodos, esgrimiendo y buscando cada uno su ventaja, como es costumbre entre nosotros; y con el furor llegaban a brazo partido, y se herían con las tres piedras delgadas, que llevaban entre los dedos de la mano izquierda. Y cuando uno reconocía que había sido vencido por el otro, gritaba en voz alta: Gamá gamá, que en nuestra lengua significa: basta. A este grito el vencedor ponía fin al combate, y después ambos se hacían amigos.»

También tenemos referencias de que los aborígenes canarios jugaban al palo durante el «beñesmén» (recolección de los frutos de la tierra, en Agosto), y al llegar las fiestas del rey Bencomo (últimos 9 días de Abril), realizándose la práctica del palo canario conjuntamente con la lucha y el lanzamiento y esquiva de piedras. Estas tres prácticas conformaban lo que se conocía por «Lucha Canaria».

Desde este momento hasta mediados del siglo XIX, los datos de los historiadores acerca de las costumbres de los supervivientes aborígenes son escasísimos y con ello las referencias sobre el palo también son casi inexistentes. Lo que sí se conoce es la utilización del palo para hacer frente a ataques piráticos. Y como señalan en su obra González y Martínez, si de estas citas puede extraerse su uso diestro para este fin, trasluce que la práctica del palo era aunque oculta, mantenida entre familiares y allegados. En este sentido tenemos Relatos de B. Cairasco («Victoria frente a Francis Drake»), E. Suarez («Canarios, piratas y comerciantes. El agitado siglo XVI en Gran Canaria»), de A. Herrera Piqué («La batalla contra la gran armada holandesa de Van der Doez en el año 1599»).

González y Martínez también recogen las siguientes referencias de este período posterior a la conquista:

Compendio anónimo de Historia de Canarias. Primer cuarto del siglo XVIII, en el que se hablaba de las costumbres culturales procedentes de los antiguos pobladores: «Son también agilísimos para jugar al palo, burla tan pesada que parece menos arriesgado el que dos riñan con espadas, pues en sus juegos, si se descuida de quitar un golpe matan a un hombre.»

A.Diston: grabado de 1828: «Paisanos de Fuerteventura y Lanzarote » en postura del juego, lucha del palo.

A. Diston: Relato de 1829 (referido a los naturales de Fuerteventura):

«Su arma favorita es el palo largo o garrote muy corriente en la isla, lo usan con gran entusiasmo cogido por el centro con ambas manos dando golpes o protegiéndose con gran destreza y fuerza.»

B.Carballo Wangüemert: «Las Afortunadas. Viaje descriptivo a las Islas Canarias.», 1862 (referido a las islas occidentales):

«El arma ofensiva y defensiva entre las gentes del campo no es la navaja, el puñal, el cuchillo ni ningún otro instrumento de esta especie, es simplemente un grueso y alto palo que les acompaña a todas partes y en cuyo manejo muestran su destreza y agilidad.»

R. Fraga Grama (Ossorio, 1978), «Biografía de un tinerfeño ilustre: el Venerable Hermano Pedro.”:

“(…) En Guatemala dicen los Biógrafos de Hermano Pedro que éste utilizaba la lanza para ahuyentar a los perros cuando, a altas hora de la noche, andaba por las calles de Antigua Guatemala y aquellos le salían al paso.” Esta práctica ha sido usual en los jugadores de palo a los que se pedía controlasen animales asalvajados, como perros y camellos, como relata D. Tomás Déniz.

A partir de mediados del siglo XIX, se empiezan a tener noticias orales directas del juego del palo, así tenemos conocimiento de la extraordinaria calidad de los jugadores majoreros (naturales de Fuerteventura) en este momento y del gran desarrollo del juego en la isla de La Palma. También se tienen noticias del juego del palo en todas las islas a finales del siglo XIX. En estos momentos, los majoreros, emigran a todas las islas por motivos de necesidad y así llegó a San Andrés Pedro Pestano, respetado como gran jugador de palo y que sería el maestro del que posteriormente se conocería como el mejor jugador de la época: José Morales, fundador del estilo que lleva su nombre.

González y Martínez también reproducen una serie de citas referidas al Palo Canario que se recogen en la «Historia del Pueblo Guanche» del propio Bethencourt Afonso. Dada su importancia y valor documental, las detallamos a continuación:

«Es tradición que los indígenas fueran grandes jugadores de palo. (…) Los Palos habían de ser de un mismo tamaño, por lo general a la altura del hombro. (…) Al caer los garrotes uno contra el otro procuran que sea sobre el último tercio del garrote hacia el trozo. Debe advertirse que el palo se divide en trozo, punta y medio. Trozo es la parte más gruesa y que mira al contrario, y punta es la pequeña parte que cubre el codo y medio por donde se coge, aunque no lo es realmente (…)».

«En la técnica de la esgrima del garrote se divide en trozo, punta y medio, llamándose trozo al extremo más grueso, que mira al enemigo, punta al extremo opuesto y medio a la porción comprendida entre ambas partes, cogiéndose la estaca en las dos grandes escuelas del juego guanche, del palo largo y de trozo y punta, en la primera por la punta con las dos manos separadas como una tercia, con un sobrante atrás suficiente para cubrir el codo, y en la segunda por la punta y medio. Esta distinta aprehensión de los garrotes se encuentra subordinada a sus diferentes sistemas de juego, pues mientras en el de palo largo el ataque y la defensa se encomienda al trozo, permaneciendo las manos fijas o casi fijas, en el trozo y punta los golpes así como los quites tan pronto se hacen con el trozo como con la punta, moviendo las manos.»

«En la escuela de palo largo, domina la defensa a la acometividad, la pujanza a la ligereza y si bien cuando se toca sus efectos son temibles, la velocidad se halla sacrificada a la potencia, los cambios son más lentos, el jugador se descubre con frecuencia y requiere grandes alientos para prolongar el combate».

Todas estas citas son buena muestra acerca de la situación del Palo Canario hasta ese momento. Es necesario matizar, que por los estudios realizados, tenemos que aceptar que en esos tiempos no existía una clasificación del palo atendiendo a sus peculiaridades propias (donde predomina especialmente el tamaño de los palos para diferenciar las modalidades existentes y las denominaciones establecidas al respecto), por ello, es generalizado el criterio entre los jugadores de palo, por la transmisión oral recibida de sus maestros, que a finales del siglo pasado y principios del actual, los términos garrote, estaca, bastón y vara entre otros, eran genéricos del «palo» y se denominaban de forma indeterminada para cualquier tipo de tamaño, de ahí que se sustente que Palo Canario sólo hay uno, aunque con diferentes modalidades y estilos.

Retomando el hilo histórico, tenemos que a finales del siglo pasado existían dos estilos de juego a tenor del anterior relato: «juego abierto» y «juego cerrado», pero en la actualidad se han diversificado los estilos. Se ha mantenido la concepción de «juego largo» y «juego corto» en razón de la distancia de los jugadores, «el recogido» como técnica circular por antonomasia en el palo medio o vara, la diferenciación de trozo y punta para los extremos de la vara como antaño, así como un amplio abanico de peculiaridades inherentes a esta práctica, que se han conservado de forma relíctica en las Escuelas de Palo. González y Martínez, proponen tres factores que contribuyeron a la evolución del juego en esta época:

– Habilidad que desarrollan los camelleros en el manejo del palo para controlar estos animales y su posible influencia en el enriquecimiento y en la manejabilidad del palo de juego.

– «Cambio de mano» que desarrollaron los emigrantes canarios en América por su utilización contra machetes.

– Influencia de las características personales de los maestros del palo.

De esta etapa, También tenemos constancia de la celebración de «taifas» (reunión de personas para bailar), que terminaban frecuentemente en peleas y discusiones, siendo muy normal la figura de un hombre de respeto, mayormente portando un palo, para evitar estos lances. Ossorio (1987) relata el uso de un palo corto en estos menesteres – “para ir controlando a los hombres que tenían que esperar turno, ya que no cabían todos juntos, debido a que estas fiestas se hacían en el patio o salón de algún particular». También se tienen noticias abundantes de la utilización pendenciera o vengativa de la macana, machaca o palo corto, hasta el punto de aguzarse su ...

ETAPA INTERMEDIA

Periodo oscuro por la escasez de datos históricos en comparación con los otros dos. Con la consumación de la conquista a finales del siglo XV, comienza un período de desaparición progresiva de todo tipo de manifestación cultural autóctona, en respuesta a un fenómeno de aculturación y de persecución pública de las costumbres aborígenes. Lógicamente una práctica guerrera utilizada contra la conquista como fue el empleo de palos, queda prohibida y así a principios del siglo XVI se proclama una serie de ordenanzas que prohíben la entrada en las ciudades portando palos.

Desde este momento hasta mediados del siglo XIX, los datos de los historiadores acerca de las costumbres de los supervivientes aborígenes son escasísimos y con ello las referencias sobre el palo también son casi inexistentes. Lo que sí se conoce es la utilización del palo para hacer frente a ataques piráticos. Y como señalan en su obra González y Martínez, si de estas citas puede extraerse su uso diestro para este fin, trasluce que la práctica del palo era aunque oculta, mantenida entre familiares y allegados. En este sentido tenemos Relatos de B. Cairasco («Victoria frente a Francis Drake»), E. Suarez («Canarios, piratas y comerciantes. El agitado siglo XVI en Gran Canaria»), de A. Herrera Piqué («La batalla contra la gran armada holandesa de Van der Doez en el año 1599»).

González y Martínez también reproducen una serie de citas referidas al Palo Canario que se recogen en la «Historia del Pueblo Guanche» del propio Bethencourt Afonso. Dada su importancia y valor documental, las detallamos a continuación:

«Es tradición que los indígenas fueran grandes jugadores de palo. (…) Los Palos habían de ser de un mismo tamaño, por lo general a la altura del hombro. (…) Al caer los garrotes uno contra el otro procuran que sea sobre el último tercio del garrote hacia el trozo. Debe advertirse que el palo se divide en trozo, punta y medio. Trozo es la parte más gruesa y que mira al contrario, y punta es la pequeña parte que cubre el codo y medio por donde se coge, aunque no lo es realmente (…)».

«En la técnica de la esgrima del garrote se divide en trozo, punta y medio, llamándose trozo al extremo más grueso, que mira al enemigo, punta al extremo opuesto y medio a la porción comprendida entre ambas partes, cogiéndose la estaca en las dos grandes escuelas del juego guanche, del palo largo y de trozo y punta, en la primera por la punta con las dos manos separadas como una tercia, con un sobrante atrás suficiente para cubrir el codo, y en la segunda por la punta y medio. Esta distinta aprehensión de los garrotes se encuentra subordinada a sus diferentes sistemas de juego, pues mientras en el de palo largo el ataque y la defensa se encomienda al trozo, permaneciendo las manos fijas o casi fijas, en el trozo y punta los golpes así como los quites tan pronto se hacen con el trozo como con la punta, moviendo las manos.»


Retomando el hilo histórico, tenemos que a finales del siglo pasado existían dos estilos de juego a tenor del anterior relato: «juego abierto» y «juego cerrado», pero en la actualidad se han diversificado los estilos. Se ha mantenido la concepción de «juego largo» y «juego corto» en razón de la distancia de los jugadores, «el recogido» como técnica circular por antonomasia en el palo medio o vara, la diferenciación de trozo y punta para los extremos de la vara como antaño, así como un amplio abanico de peculiaridades inherentes a esta práctica, que se han conservado de forma relíctica en las Escuelas de Palo. González y Martínez, proponen tres factores que contribuyeron a la evolución del juego en esta época:

Habilidad que desarrollan los camelleros en el manejo del palo para controlar estos animales y su posible influencia en el enriquecimiento y en la manejabilidad del palo de juego.

– «Cambio de mano» que desarrollaron los emigrantes canarios en América por su utilización contra machetes.

Influencia de las características personales de los maestros del palo.


De esta etapa, También tenemos constancia de la celebración de «taifas» (reunión de personas para bailar), que terminaban frecuentemente en peleas y discusiones, siendo muy normal la figura de un hombre de respeto, mayormente portando un palo, para evitar estos lances. Ossorio (1987) relata el uso de un palo corto en estos menesteres – “para ir controlando a los hombres que tenían que esperar turno, ya que no cabían todos juntos, debido a que estas fiestas se hacían en el patio o salón de algún particular». También se tienen noticias abundantes de la utilización pendenciera o vengativa de la macana, machaca o palo corto, hasta el punto de aguzarse su extremo para herir con él o arrojarlo como dardo.

ETAPA ACTUAL.

Comprende este periodo el iniciado en 1900 hasta la actualidad. Podemos dividir este siglo en tres períodos para un mejor tratamiento:

Principios de siglo (1900-1939): La situación es de gran auge en todas las islas en este momento. Continúan como ilustres personajes del juego los mismos que en la etapa anterior. En especial se produce un notable apogeo en Tenerife, lo cual apunta Ossorio de la siguiente forma: «Unas circunstancias muy diversas hicieron concurrencia de fuerza en una isla, Tenerife, y la convirtieron en virtual capital del palo canario en dicha época. (…) Todas las naciones canarias se dieron cita en las pedregosas playas de Añaza, batidas por el nunca bien cantado sereno Atlántico. Y bajo una conjunción de astros humanos tan esplendorosa, nació a comienzos del presente siglo lo que conocemos como el <>».

En torno a 1910, se desarrolla la siguiente generación de esta escuela, formándose los mejores jugadores de palo de la misma. Destacó de manera sobresaliente Francisco Morales (hijo de José Morales), rivalizando incluso con su padre como mejor jugador de la época por su juego de gran nivel. De esta generación es también Tomás Déniz, que llegaría a ser el jugador más legendario de la postguerra.

Postguerra (1939-1969): A consecuencia de la Guerra Civil española, se produce un nuevo retraimiento de la práctica del Palo Canario por dos causas principalmente: en primer lugar por la muerte de algunos de los jugadores más destacados (como es el caso de Francisco Morales) y en segundo lugar por la represión de las libertades, que repercute en las manifestaciones tradicionales. Incluso la Lucha Canaria se vio afectada por estos avatares. Todo esto llevó al extremo de la desaparición pública del Palo Canario y a una situación muy similar a la que se produjo tras la conquista de las islas, es decir, la reconversión en una práctica furtiva y oculta (desafíos a la luz de la luna), y sólo presentada públicamente como simples juegos de cabreros («la retreta de los pastores»).

Hasta los años cuarenta, no empiezan a aparecer esporádicas exhibiciones en las fiestas de los pueblos. En San Andrés se intentó relanzar nuevamente la «Escuela», pero dicha iniciativa duró muy poco. Tomás Déniz, enseña por estas fechas en su barrio de María Jiménez, destacando como discípulos suyos, sus sobrinos Gonzalo y Fernando Déniz. Otro jugador procedente de la Escuela de San Andrés, Pedro Domínguez, genera un núcleo de enseñanza en torno a él, sobresaliendo Pedro Morales que continuaría con la dinastía familiar.

A principios de la década de los sesenta, se crea un grupo de enseñanza dirigido por Tomás Déniz, la experiencia duró dos años. El maestro Déniz continuo «practicando el palo» de forma esporádica, sobre todo con Domingo Martín (también de la escuela de San Andrés), con el cual realiza varias exhibiciones públicas. En el resto de la isla de Tenerife, a lo largo de la década de los sesenta, sólo se mantuvieron algunos núcleos familiares: Los Verga (La Esperanza), con la extraordinaria Luciana y su hermano Elisio y los Acosta, Polo y Maximiliano. En Fuerteventura prácticamente desapareció la actividad del palo, únicamente destacando como grandes jugadores de Lata: los hermanos Alberto, Simeón y Domingo, discípulos de Ruperto Martín. Lanzarote sufre un receso mayor, manteniéndose como único superviviente de la época anterior, Crispín Feo de León, que había aprendido la práctica del palo de su tío, José María Feo Barreto. En la Palma sólo destaca Tomás Hernández Medina, discípulo de Vicente «Vidal». El Hierro continúa prácticamente con la misma actividad anterior, gracias a que los discípulos de Quintero Zamora siguen conservando su estilo. Y la isla de La Gomera, sigue siendo la más desamparada en cuanto al Palo Canario se refiere, desapareciendo de la luz pública la poca actividad de palo chico existente, y sólo manteniéndose de una forma oculta.

Últimas Décadas (1970-1990): Hasta este momento, sólo se constataba la continuidad del Palo Canario por las esporádicas exhibiciones del maestro Tomás Déniz, de los «Vergas» y de los «Acosta», pero en los años setenta se empieza a incrementar el interés por las tradiciones canarias y fruto de esta inquietud, un grupo de universitarios logran convencer a D. Tomás Déniz para que reanude su magisterio. A partir de entonces tendrá lugar una progresiva extensión de la práctica del estilo «Déniz». Primero se creó el Centro Universitario de Palo Canario a mediados de los setenta, luego se forman distintos núcleos como la Escuela de Palo de La Laguna, hasta llegar al hecho destacado de la fundación a principios de los ochenta de las Escuelas de Palo de Fuerteventura, que eran supervisadas directamente por el propio Tomás Déniz. Los Discípulos del maestro Déniz han continuado su labor tras su desaparición en 1983, llevando a cabo desde entonces una ardua tarea de rescate y difusión, contando en la actualidad con núcleos estables en cuatro islas del Archipiélago.


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