¡Oh mi hijo! En memoria de Fernando Villar, El Pichón.
¡Oh, mi hijo!
En recuerdo de Nando “el pichón”.
Cuando en la primavera del año 2002 recibimos la grata noticia de que el Pichón había gallado y Ana esperaba un pichoncito, muchos fueron los vacilones referidos al tema. Josema le aseguraba que el niño iba a salir con su carita, Noly le sugería que seguramente se trataba de un embarazo psicológico de la parienta porque armado con ese fisco de cuca no dejaría preñada ni a una paloma, mientras yo le reprochaba cuando presumía de machote, que había demorado dos años en gallar y eso no era pa’presumir, y me contestaba con su tonito ¡Oh, mi hijo!
¡Qué cojonudo era Fernando Villar “el pichón”! ¡Qué gran persona! ¡Qué gran canario! Una tarde como tantas, esperando en el terrero para comenzar el entrenamiento, empezamos una conversación y le comentaba que ahora le iba a cambiar la vida, recordándole el refrán de “Cuando seas padre comerás huevo”. Esto nos llevó a debatir sobre la forma correcta de educar a nuestros hijos, y él, posiblemente sin caer en la profundidad de su respuesta, me contestó:
- “Yo voy a educar a Ancor como lo hicieron Fina y Fernando, con mucho amor y poco odio”.
Creo que estas palabras definen mejor que cualquier conjunto de adjetivos que, con mayor o menor inspiración pudiera anexionar a su nombre a la persona que fue Nando el Chon.
Nando partió un once de diciembre y como persona lo hizo tan bien que, entre los afortunados que podemos decir ¡Era mi amigo! lo llevaremos con nosotros en un lugar privilegiado de nuestros corazones toda la vida.
Lo cierto, y el paso del tiempo lo ha demostrado, es que lo sentiremos presente entre nosotros de por vida y lo reconoceremos en cada tenderete, en cada fecha señalada, en la sonrisa de su mujer, y especialmente en la mirada de su hijo Ancor, a quién recordaremos siempre quién es, quién fue su padre y cuantos motivos tiene para sentirse orgulloso de apodarse el Pichón.
Nando el pichón era un guanche alzado armado con el arma más poderosa que se haya inventado jamás, la única capaz de avalar utopías o movilizar a un Pueblo, el amor. Fue un hombre que jamás creyó que el odio hacia los demás pudiera llevar ningún proyecto a buen puerto, por el contrario apostó siempre por el amor a la familia, a sus amigos, a su tierra, a sus bosques y su mar, a los animales, a la cultura del país, consciente de que solo de un inmenso amor por lo nuestro podría manar un proyecto que valiera la pena llevar a cabo, sabedor de que aquel sentimiento no se lo podría arrebatar nadie.
Quiero terminar con las palabras de su tío Miguel que con su permiso hago mías:
Me hubiera gustado escribir este relato dentro de muchos, muchísimos años y jamás en estas circunstancias. Me gustaría haberlo hecho cuando el Buchón de la tierra se encontrara inscrito en el Libro de Razas Buchonas, cuando el lobito herreño se considerase raza canina, cuando el Combatiente Canario o Gallo Fino traspasara nuestras fronteras y compitiera en las exposiciones de avicultura artística como una raza más de gallinácea autóctona canarias, cuando el proyecto de la gallina campera o jabada se concretase, cuando el libro de animales de compañía y granja de Canarias se presentase de manera oficial… Me hubiera gustado escribir esto cuando fuéramos viejitos y nuestros hijos fueran hombres, me hubiera gustado escribirlo con la consciencia de que había acabado su trabajo, pero sabido es que se están llevando a más buenos que malos y probablemente lo han reclamado para fines más elevados.
Nandito donde quiera que estés haznos sitio pero asegúrate que sea a tu lado ¡No es por nada! Más bien por seguir alegando y porque sabemos que cerquita habrá buen vino y carne de cochino, que a esas alturas te habrás amigado con todo el mundo y ya que más pronto que tarde nos encontraremos de nuevo, más vale que nos tomen por amigos tuyos.