El universo imperfecto

El universo imperfecto

Este su quinto trabajo, es otro giro al estilo del autor abordando el surrealismo. En esta ocasión Carlos nos presenta un original relato narrado en clave de cuento, sobre una joya de la filosofía oriental, “La Teoría de los Cinco Elementos”. Un relato escrito de forma amena, donde cada elemento está encarnado en un guerrero que busca la solución a los problemas de sus pueblos.

Quebeji, hijo de la madera, se enfrenta a un desierto que gana espacio a sus bosques con reforestaciones masivas; Salador, hijo del fuego, anda en busca de los dragones que habitaban en el interior de sus volcanes, y al irse, se llevaron consigo su inspiración y calor de los suyos hasta perder el tino disparatados en sus excesos; Un borracho y una niña, encarnan a la tierra neutral, porque siempre dicen la verdad; Goldina, hija de los metales, vive pesimista en el interior de una mina porque piensa que el metal es escaso y lo han utilizado mal; Mientras Elba, hija del agua, busca el nacimiento de un río que nutría sus campos y producía productos de sabores maravillosos, pero desde que el río no corría, se habían marchitado. 

...Los nuevos seres eran muy parecidos entre ellos, por dentro me refiero, porque por fuera ya se habían ocupado de decorarlos con los matices de cada Supremo. Así que decidieron dotarlos de emociones particulares que provocasen la originalidad de cada sujeto. Que cada uno tuviera un alma genuina que interactuara con el universo y se tradujera en sentimientos que afectasen al espíritu, a la energía y la esencia, a los tres tesoros regalados por los Supremos. Es decir, el contacto de los sentidos con el mundo exterior generaría en los nuevos seres, emociones en su interior. 

Una vez más se reunieron en torno a la Tabla de la Creación para poner la guinda que culminase la Gran Obra. Entre todos, describieron las siete emociones que marcarían a los nuevos seres de forma individual, y conducirían sus vidas por sendas diferentes aunque fueran de la misma condición y naturaleza. Así pues, incluyeron también en el interior siete emociones que tendrían que gestionar para el correcto funcionamiento de su naturaleza y destino. La rabia haría subir la energía, la alegría la volvería más lenta, la aflicción la disiparía, el temor la haría descender, el susto la dispersaría, el agotamiento la consumiría, y la preocupación la estancaría…  

(Fragmento)

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