En Tierra de Pastores

En Tierra de Pastores

Esta novela, la sexta de las escritas hasta ahora por Carlos, supone un regreso a los orígenes, la novelas histórica. Como “Bénrrimo”, “Por si mañana no estoy”, y “El Vínculo perdido”, el escenario donde se desarrolla la trama vuelve a ser Canarias. En esta ocasión, la isla de La Gomera, aún señorial durante 1742.

Esta Novela que trata de personas en una época de piratas argelinos e intentos de invasión por parte de la Royal Navy, de los Tributos de Sangre que dejaron a las islas sin varones por la masiva migración a América, de una etapa feudal bajo el yugo de un Conde rancio, y el espíritu de un Pueblo duro y resistente como sus barrancos y rompientes, un periodo algo desconocido de la Historia de Canarias que bien merece nuestra atención, pues expone y demuestra que, aunque hayan pasado siglos, los problemas de Canarias siguen teniendo el mismo origen y tratamiento.

Yo nací en este valle, el 8 de agosto de 1676. - contaba Fabián - Mi madre me dijo que hizo un calor que agachaba las palmas. Crecí, abrazado a las ubres de las hairas y lo poquito que entraba en casa, pero siempre hubo cariño. Digamos que lo que faltó de gofio, lo suplió el amor y me siento afortunado, porque eso no lo puede decir todo el mundo, Irzán. 

Siendo un zangalote me quisieron mandar pa’España, a la guerra me dijeron, sin otra explicación. Yo pa’mis adentros me dije, usted siempre fue luchador, pero en terrero propio. Nunca había sido de guerras, y si iba a alguna, por lo menos que fuera la mía. Porque para mí, España siempre me quedó lejos, y más que madre, la siento madrastra. 

Para eludir toda aquella fogalera, me escondí con otros muchos en la Fortaleza de Argodey y en Garajonay, porque sabía que allí no me agarraban, aunque fueran cien a buscarme. 

He crecido entre abusos y sacrificio, y hubo un tiempo en que vi tanta hambre, tantos muertos, que a uno se le olvidaba el amor. Querías ser fuerte para sobrevivir a todo aquello, así que te prohibías sentir. Fue duro patrón. – e Irzán le llenó el vaso para que siguiera contando – Pero el hombre ama la vida, y la vida el amor la llena. Así que, andando por el valle un día cualquiera, encontré una muchacha, una maguita linda y le di las buenas, y me las devolvió. 

No sé aún porqué razón, pero sentí la necesidad de pasar por allí al día siguiente, y al otro, y el otro también. Y así, poco a poco, fuimos enamorando y se convirtió en la madre de mis hijos. 

Yo por aquel tiempo, después de haber vivido tanta desgracia, no pensaba en el amor, en juntarme, pero como el que dice en un tras-tras, quedamos unidos pa’siempre. – se le quebró la voz al pronunciar su nombre - Guadalupe, que me aguantó la pejiguera cada día de su vida juntos. Bueno, algo le aguanté yo también, pero fuimos una piña y hoy que soy viejo, comprendo que ha sido lo mejor de mi vida, mi gran amor, pero no un amor de esos de huéleme el culo, un amor de verdad que me hacía verla más linda cada día, ver solo belleza en ella, a pesar de que cada día era más vieja, y descubrirle virtudes ocultas en cada recoveco de su alma, un amor de verdad que construimos bajo el almendro de la entrada de Monforte, allí mismito…  

(Fragmento)              

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