Por si mañana no estoy (El Buscador)
Por si mañana no estoy (El Buscador)
Es la tercera novela de Carlos Darias, y al igual que las anteriores entrelaza la trama con la Historia describiendo momentos y acontecimientos, solo que en esta ocasión de forma mucho más irónica y sarcástica, casi murguera. La trama de la novela se desarrolla entre mil novecientos sesenta y dos mil cuatro, y lo podríamos describir como un libro dentro de otro. Trata de las interrogantes que despierta el hallazgo de un cuadernillo en una de las mesitas de noche de la sexta planta del Hospital Universitario de Canarias.
El relato reúne las conversaciones que a un padre le hubiera gustado tener con su hijo, y por razones ajenas a su voluntad, no va a poder. Durante el mismo le habla de su vida, de sus errores y aciertos, de la identidad y la patria, de los cambios en Canarias y el mundo, y hace un repaso a la Historia desde los ojos de un canario de barrio, uno como tú o yo.
… He intentado hacerte comprender que aunque el mundo está loco, debes mantener la cordura y hacer tu propia lectura de las cosas. No des nada por hecho y procura siempre llegar más allá.
Te dejo el consejo que me dio mi padre, recuerda siempre quién eres, porque aquel que sabe quién es, siempre podrá encontrarse cuando esté perdido. Busca en tu interior hasta que encuentres tus respuestas, y hazte responsable de todas y cada una de tus decisiones.
Ten siempre tiempo para escuchar a los demás, porque el que escucha, entiende, y este conocimiento te hará saltar los muros que se presenten ante ti sin necesidad de golpearte contra ellos.
Algún día, cuando seas mayor y comiences a hacerte preguntas, espero que este testimonio de vida te sirva para reconocerte en algún gesto o para aclarar algún por qué.
Cuida de tu madre, apóyala en sus decisiones, se su bastón, su mogado. No olvides nunca que ella también tiene una vida que vivir, que no es tu sierva, es tu madre y le debes la vida, estarás de por vida en deuda con ella. Preocúpate de que sea feliz y valora su felicidad cómo valoras la tuya, lo merece.
A tu madre le he pedido que te de alas fuertes y resistentes, pero que te deje aprender a volar solo, que te obligue a levantar tras cada mal aterrizaje y te anime a intentarlo de nuevo.
Duerme poco y sueña mucho, porque de nuestros sueños derivan nuestros retos, y son estos, la ilusión que nos producen, los que te llevarán a hacerlos realidad.
Camina cuando los demás se detengan, despierta cuando los demás duerman, y nunca, pero nunca nunca, pierdas la fe en el amor, por ser clave de toda felicidad. Conviértelo en tu mayor fuerza, en tu mejor arma, porque el día que seas incapaz de sentirlo, estarás perdido para siempre.
Di siempre lo que sientes y haz lo que piensas. Da valor a las cosas por lo que significan para ti, no por su precio. Recuerda poner tu cuerpo y tu alma al sol a menudo, para fortalecer el vínculo que nos une a la tierra.
No pierdas la óptica de tu vida, mírala como un camino, no te centres en el momento para que mantengas la perspectiva. No olvides que aunque el objetivo está en llegar a la cima, la felicidad se encuentra en la forma de subir la montaña. Valora las cosas sencillas de la vida, porque son las que llevamos con nosotros para siempre.
Aprende a mirar a las personas como iguales, que la diferencia la marquen sus acciones, y recuerda que hay valores que vale la pena sostener, dan sentido a la vida y ayudan a vivirla con corazón. Comprende que el mañana no le está asegurado a nadie, no supongas que tu gente sabe que los quieres, díselo antes de que pare la brisa.
(Fragmento)