¡Canarias hay tantas! - Carlos Darias
¡Canarias hay tantas! - Carlos Darias
Llegamos al aparcamiento de vuelta y me sugirieron ir al Puerto a echarnos algo. Hacía tiempo que no pasaban por allí y quise satisfacerlos, no tenía ninguna prisa y estaba disfrutando con los viejos fuera de su ambiente habitual en Anaga.
Serían las tres de la tarde cuando aparcamos en el aparcamiento anexo al muelle del Puerto de la Cruz y nos sentamos en la terraza de uno de aquellos baritos construidos con casetas de publicidad a la entrada del muelle, frente a la Casa de la Aduana. Pidieron chocos asados con mojo y gueldes para acompañar la garimba y disfrutar del día radiante del Puerto a finales de verano. La playita de callados estaba llena y un montón de bañistas se repartían a lo largo del muelle.
- ¡Cómo ha crecido esto Damián! – afirmó Remigio – Hay más bares que gente. Cuando era un niño venía con mi madre desde La Laguna a pie cargados con turrones, rosquetes y piñas de almendra que hacía la vieja y vendía en las fiestas para ganarse unas perritas. Por aquel entonces todo el valle estaba sembrado, no solo de plátanos, tomates y millo, también de trigo y cebada en los altos del Palmar y unas papitas maravillosas. Ahora sembramos hoteles y carreteras que conduzcan a los extranjeros hasta el mismo pie del Teide, para que no cansen y disfruten de la isla, pero eso es lo que quiere la gente y… ¿Quién es uno para convencerlos de lo contrario? A pesar de lo evidente.
Don Damián apretó los labios y elevó las cejas en claro gesto de resignación.
- Tranquilo Remigio, nos convertiremos en otra cosa como ha pasado antes. Nuestro tiempo está acabando y otro llegará.
Tras dar buena cuenta del pescadito y la garimba, recogimos y tomamos camino de vuelta. Llegando a La Laguna me pidió que cogiera por la carretera de las Canteras, pa’echarse la última en Casa Ramiro. Pidieron medio litrito, una de bacalao encebollado y mientras hablábamos se formó una pelotera absurda en la barra donde dos amigos alzaban la voz riñendo sobre lo que significaba ser canario. Uno apelaba a un sentimiento, a una raza diferente y una cultura más noble que otras. Mientras el otro, con dos copitas de más, presumía de haber sido criado a leche con gofio y plátanos escachados, y la raza guanche corría por sus venas.
Don Damián y Remigio se miraron, pero no dijeron nada y continuamos hablando intentando ignorar la escandalera de la barra. En clave de vacilón les dije que era un nuevo deporte, competir entre canarios a ver quién lo era más y nos echamos unas risas. Remigio me miró y dijo.
- Patriotas de bares, de estos Canarias está llena. Hablan paja y restan credibilidad a todo lo que dicen. Estos papafritas hacen muchísimo daño a las islas con su ignorancia y mensaje de mierda. Son como los franquistas, ignorantes transmitiendo siempre odio, echando la culpa a los demás, sin aplicarse ninguna crítica y siendo siempre los chicos de la película.
Don Damián añadió.
- Ignorancia, tú lo has dicho. Ser canario es mucho más que sentirte guanche, y guanche no es una raza, pues lo es todo aquel nacido en Tenerife, solo significa eso, el que procede de Achinet, no hay ninguna connotación étnica en la palabra. Étnicamente nuestros antepasados guanches, también eran mestizos, de diferentes pueblos norteafricanos extendidos por muchos puntos del Mediterráneo. Además ¿Somos racistas acaso? ¿Qué coño tiene que ver la raza con abrazar una cultura? una identidad. Yo personalmente creo que todos los seres humanos somos iguales, las diferencias las marcan nuestras acciones.
Si dejamos de contemplar la huella de los canarios tras la conquista, es decir, la unión del guanche, con el portugués y el genovés, el andaluz y el tahino estaremos dejando de ver una parte muy importante de nuestra Historia, precisamente la que describe la aportación de los canarios allá donde fueron. Nos quedaríamos a medias y no seríamos capaces de ver el proceso de aculturación, de mestizaje que ha construido nuestro modo de vida.
Ser canario no es llenarse de pintaderas e ir hablando paja en la barra de los bares. Más aún teniendo tantos argumentos de peso, sociales y políticos para defender desde el profundo amor a la tierra, el derecho a decidir nuestro camino ¡Cómo pa’ir hablando boberías! ¡Los canarios no somos mejores que nadie! Es más, nuestra grandeza, nuestro mayor orgullo, debería ser la huella humana que nos distingue en todos lados, la consideración que nos tienen, lo que no quiere decir que todos fuimos buenos.
Nos estamos convirtiendo en mercaderes capaces de vender el alma por perras, sin aplicarnos la autocrítica que todo proyecto necesita para salir adelante, y así nos va. – le dio un sorbito al vaso de vino y sopeteó en la salsita con un trozo de pan antes de continuar, y con aquellas pausas conseguía que le prestara mayor atención – Sabes cuánto admiramos a Teodoro ¿Verdad Remigio? – Remigio asintió con la cabeza - Cada conversación que sostenemos con él, nos ilustra y expone algún punto de vista que la mayoría no contemplamos. Por eso nos gusta tanto charlar con él. Hace unas semanas me decía ¡La Cultura, cuánto más ramera mejor! De esa que no para de moverse de esquina a esquina, y se va con cualquiera que la abrace y le de cariño, pues así es el mundo y el nuestro especialmente, y ponía una serie de ejemplos. Contaba que en un viaje que hizo de joven a Italia, en el Museo de la ciudad de Nápoles, había visto piedras de molino para moler grano iguales que las nuestras. Y en otro desplazamiento a España, también las vio en Sevilla. No hace falta ser muy listo para comprender que tienen un mismo origen en los pueblos del norte de África ¡Ahí hubo mestizaje!
Cuando vas a Sudamérica y escuchas decir foss si algo huele mal, están usando una palabra guanche que quedó en nuestro léxico a miles de kilómetros de distancia ¡Ahí hubo mestizaje!
Cuando en el Uruguay llaman canarita a una chica guapa o incluyen el gofio en la base de su alimentación ¡Hubo mestizaje!
Cuando visitas Madeira o Bogotá, y sus calles nos resultan familiares por parecidas a las nuestras, y tienes la sensación de estar paseando por La Orotava, La Laguna o Galdar, lleno de balconadas portuguesas que hicimos a nuestro estilo y fueron con nosotros a América ¡Ahí hubo mestizaje!
Cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España, estos se desperdigaron por el mundo llevando consigo la métrica de Spinel, los espineles o décimas que un erudito sefardí utilizó y dio nombre, además de poner la sexta cuerda a la guitarra española, un sabio sin duda. Aquellos judíos que se desperdigaron por el mundo se instalaron en diferentes lugares. Unos marcharon al norte de África y se asentaron en Tanger donde aún hoy las décimas están incluidas en sus plegarias y se escuchan en las sinagogas. Otros marcharon a los Países Bajos, donde los spineles forman parte de su poemario. Hubo los que cruzaron el charco y marcharon a América, y al llegar a Argentina la décima se transformó en samba, al cruzar los Andes y llegar al Uruguay, se hizo Milonga. Por esas cosas que tiene la cultura de estar viva y moverse, llegó a Cuba y se hizo Son, y los palmeros que regresaron durante el siglo XIX lo trajeron consigo y hoy está presente en nuestro folclore como las Decimas Canarias y el Punto Cubano ¡Ahí hubo mestizaje!
Cuando pensamos en los americanos de las películas y sus cowboys, creo que se dice así, ni se nos pasa por la cabeza que el primer vaquero, es decir, el primer ganadero que entrenó cuadrillas de jinetes para conducir el ganado, fue un palmero de los que marcharon al nuevo mundo con los Tributos de Sangre, un impuesto que cargaba a la población isleña con la obligación de por cada cien toneladas de carga que partía de los puertos canarios, mandaban diez familias canarias a instalarse y colonizar un área determinada. Se llamaba Simón de Arocha y participó activamente en la guerra americana llevando el ganado hasta las tropas sureñas para poder alimentarse. Su hijo, nacido en América, fue alcalde de San Antonio en Texas, y ahí también hubo mestizaje. - hizo una nueva pausa, como para enfatizar el mensaje y dijo - El problema es que nadie nos lo cuenta, no se estudia en las escuelas y con ello nos despojan de identidad y autoestima como grupo, de sentido de pueblo, de tribu, y así alimentan el complejo del colonizado y el interesado relato del salvaje bueno y domesticado. Porque para que se produzca un intercambio, debes tener previamente una identidad propia, sumas a algo que ya tienes, de lo contrario hablaríamos de otra cosa.
No se puede ir contra los procesos y el mundo lleva su rumbo, pero cada vez que perdemos un poquito de nuestra forma de vida, también desaparece un pedacito de nuestra memoria, de la experiencia de nuestros antepasados, de nuestra alma, y llegará el día en que ni nos reconozcamos como pueblo, seremos unos más a merced de los intereses de cualquiera.
Antes te dije que la Cultura buena se mueve y se transforma en manos de quien la ama. Acaso crees ahora que sabes que las Decimas dieron origen al Tango, la Milonga o el Punto, creadas por Spinel un judío sefardí de Málaga, son menos argentinas, uruguayas o canarias que antes de saberlo ¡Por supuesto que no! pues cada cosa que hemos aprendido de alguien, la hemos transformado y hecho a nuestra manera, y ahí siempre habrá ¡Bendito mestizaje!
También te digo, nunca utilices el conocimiento para compararte con nadie ni juzgar a un semejante, eso es de persona mediocre, pues cada uno de nosotros carga con el propio peso de su existencia. Qué te valga como punto de partida para construir tu identidad, con la cultura y la educación recibida, pero es mucho más profunda, pues te anima a pensar quien quieres ser, te brinda la oportunidad de elegir. A eso se le llama libertad, a poder construirte a tu manera.
Luego, llenó los vasos de nuevo y preguntó.
- ¿Tú te imaginas si hubiéramos usado la mitad de la energía que hemos gastado juzgando a los demás, en intentar entenderlos? En intentar comprender la causa de su comportamiento. El mundo sería mucho mejor y nosotros también.
Canarias será lo que hagan los canarios, y hay muchas, tantas como hijos de la tierra. Está la de arena y dunas, la de casitas blancas al borde del mar. También la de pinares y bosques, y la de medianías fecundas. Tenemos la de barrancos y cicatrices profundas, y la de playas de arena negra. Está la española con su incomprensible orgullo, y la canaria, solo canaria, siempre cargando lo suyo. La Canarias libertaria y la temerosa, la de plátanos y tomates, y la de hermanos enfrentados. Está la de los mercaderes y la del poetas ilustrado. Hay Canarias en el norte, que no se parece al sur. La de Tarajano y Lezcano, el sueño de Secundino, y la de quien quiere vernos siempre bien amarrados ¡Canarias hay tantas!