Por si mañana no estoy - Carlos Darias
Por si mañana no estoy - Carlos Darias
Durante estos meses he pensado mucho, me preocupa que crezcas sin padre, sin referencias e identidad, sin ejemplo. Este ha sido el motivo que me ha llevado a escribir esta relación de acontecimientos que podría hacer interminable, pero siento que no me queda tiempo. Son parte de miles de conversaciones que me hubiera gustado mantener contigo, mi hijo, y desgraciadamente por causas ajenas a mi voluntad no voy a poder sostener.
Te he hablado de mis aciertos y mis errores, de mis inquietudes y principios, de la familia y la patria de uno, de mi lucha y los cambios del mundo. He intentado hacerte comprender que aunque el mundo está loco, debes mantener la cordura y hacer tu propia lectura de las cosas. No des nada por hecho y procura siempre llegar más allá.
Te dejo el consejo que me dió mi padre, recuerda siempre quien eres, porque aquel que sabe quién es siempre podrá encontrarse cuando esté perdido. Busca en tu interior hasta que encuentres tus respuestas y hazte responsable de todas y cada una de tus decisiones. Ten siempre tiempo para escuchar a los demás, porque el que escucha, entiende, y este conocimiento te hará saltar los muros que se presenten ante ti, sin necesidad de golpearte contra ellos.
Algún
día, cuando seas mayor y te comiences a hacer preguntas, espero que este
testimonio de vida te sirva para reconocerte en algún gesto o para aclarar
algún por qué.
Cuida
de tu madre, apóyala en sus decisiones, se su bastón, su mogado. No olvides
nunca que ella también tiene una vida que vivir, que no es tu sierva, es tu
madre y le debes la vida, estarás de por vida en deuda con ella. Preocúpate de
que sea feliz y valora su felicidad cómo valoras la tuya, se lo merece.
A tu
madre le he pedido que te de alas fuertes y resistentes, pero que te deje
aprender a volar solo, que te obligue a levantar tras cada mal aterrizaje y te
anime a intentarlo de nuevo.
Duerme poco y sueña mucho, porque de nuestros sueños derivan nuestros retos, y son éstos, la ilusión que nos producen, los que te llevarán a hacerlos realidad. Camina cuando los demás se detengan, despierta cuando los demás duerman, y nunca, pero nunca, nunca, pierdas la fe en el amor, por ser este clave de toda felicidad. Conviértelo en tu mayor fuerza, en tu mejor arma, porque el día que seas incapaz de sentirlo estarás perdido para siempre. Di siempre lo que sientes y haz lo que piensas. Da valor a las cosas por lo que significan para ti, no por su precio. Recuerda poner tu cuerpo y tu alma al sol a menudo, para fortalecer el vínculo que nos une a la tierra.
No perder la perspectiva de tu vida es muy importante, mírala como un camino, no te centres en el momento para que mantengas la visión y no olvides que aunque el objetivo está en llegar a la cima, la felicidad se encuentra en la forma de subir la montaña. Valora las cosas sencillas de la vida, porque son estas las que llevamos con nosotros para siempre. Aprende a mirar a las personas como iguales, que las diferencias la marquen sus acciones, y recuerda que hay valores que vale la pena sostener, dan sentido a la vida y ayudan a vivirla con corazón. Comprende que el mañana no le está asegurado a nadie, no supongas que tu gente sabe que los quieres, díselo antes de que pare la brisa, y ten la generosidad de comprender que el honesto y el perverso, forman parte por igual del universo, aunque tengan distinto parecer.
También
he pedido a tu madre que te hable de mí, porque comprendo que las personas no
desaparecen cuando ya no están, desaparecen cuando las olvidamos y egoístamente
no quiero ser olvidado. Le he pedido que
cada día te diga en mi nombre ¡Te quiero! y nunca te olvidaré. Que te
cuente que desde la primera vez que te
ví y sujetaste mi dedito en la cunita del hospital recién nacido, me atrapaste
para siempre.
No olvides decir te quiero, pasar un rato con los amigos, hablar con tus abuelos, pedir perdón, decir lo siento, dar las gracias y utilizar todas las palabras de amor que conozcas.
Si
fuera hoy el último día que puedo pasar junto a ustedes, los abrazaría fuerte y
desearía poder ser su guardián para siempre.
Ayer
me encontraba tan bien, pero hoy estoy cansado, agotado…