El Maestro muere, pero el juego continúa.



El Maestro muere pero el juego continúa sin él.

El palo va cambiando al pasar por las manos del jugador. Algunos le suman mañas, otros le restan o se olvidan de ellas por las causas que fuere, y cada vez que nos sorprenda un mandado o te presente dificultad un ataje, bien harías estudiando el por qué y el cómo, cuestionar lo que haces e intentar encontrar una solución, aunque eso signifique cambiar algo de lo que te enseñaron en su día. Solo así el jugador crece y aportar su inteligencia con libertad, sin encorsetamientos ni prohibirse imaginar. 

No olviden que el Maestro muere pero el juego continuará sin él, y cualquiera que lleve el tiempo suficiente jugando te dirá que en su trayectoria ha ido cambiando su juego, ha dejado de hacer cosas que hacía y añadió puntas que imaginó o vio en otros.   

Me gusta el juego que tiene recursos, el que antepone el contenido al continente. Me gusta jugar sin pretensiones ni excusas, simplemente disfrutar con los amigos, esa ha sido la filosofía de esta Escuela desde sus inicios, reunirnos a echar una punta sin valorar si la maña era de Fulanito o de Menganito, siempre hemos sabido que era el nuestro, lo hemos construido con la práctica ininterrumpida durante décadas, la transmisión y enseñanza del juego, y un método propio. Nuestro mejor maestro siempre fue el propio palo, a secas, la habilidad de mandar y atajar.  

Hay un refrán en el Palo canario que dice, "Uno no es jugador hasta que suma una puntita propia al juego" Así pues, si cada jugador le añade algo y olvida algo, el juego estará en constante transformación.        
   
                                                                                                                    El Hirgwán.   









 

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