Entrevista a Luís Pérez, maestro de la Escuela Maragat Hirgwán, por Santiago Díaz Bacallado.

 


Entrevista a Luís Pérez “Jugador de Palo” por Santiago Díaz Bacallado.

Cuando hablé con mi amigo Carlos sobre el protagonista de esta entrevista para saber más de él y hacerle las preguntas adecuadas, me dijo que nadie lo merecía más y había sido una pieza clave en el desarrollo de la Escuela Magarat Hirgwán. También me contó en clave muy personal que, si como jugador era brillante y había aportado mucho al juego, como persona y amigo era aún mejor. Me comentó como quien habla de un hermano que era una de las personas más testarudas que conocía, y de su testarudez provenía su perseverancia. Me dijo que era su compañero de juego de siempre y responsable de muchas puntas e ideas que conforman el estilo de Trozo y Punta.  

Por aquel entonces no conocía mucho a Luís, nos habíamos encontrado en alguna exhibición y poco más, pero tengo que decir que tanto sus compañeros como las personas a las que pregunté, solo tuvieron palabras de afecto y agradecimiento por ser como era, por su paciencia y dedicación. 

Esta serie de comentarios me conmovieron, normalmente cuando hablamos de jugadores de palo solemos destacar su carácter y habilidad, pero que inspiren a los que enseña e incorporen valores al juego son mucho más difíciles de encontrar. Así pues, me dirigí a la plaza donde entrenan cada semana para hablar de forma distendida sobre su idea de lo que para él es el Juego del Palo.

S: Te comento amigo Luís, que abres esta sección de jugadores.

L: Sinceramente no creo que merezca nada, solo somos jugadores de palo, no hemos inventado la vacuna de nada ni el juego es tan importante, pero es un honor que tu gente te aprecie y hable bien de ti. 

S: Te diré que todos tus compañeros sin excepción han creído oportuno rendirte este reconocimiento.

L: ¡Tú ves! Eso sí que es importante para mí y ha sido la filosofía de esta escuela desde sus inicios cuando Carlos y Pedro se reunían a jugar  en la azotea buscándole la vuelta a cada punta con el único propósito de divertirse y pasar el rato.

S: Entremos en materia y esta pregunta es obligada ¿Cuándo empezaste a jugar y con quién?

L: A mí me enseñó Carlos a finales de los ochenta, pero hoy, cuarenta años después, seguimos aprendiendo. El destino nos reunió por motivos laborales y nos hicimos amigos. Como entre faena y faena teníamos ratos libres lo ocupábamos echando un puntita, y así me fue enseñando. Tengo que decir, porque he sido testigo, que conmigo tuvo más paciencia que con nadie, posiblemente porque él también aprendió a enseñar con el intercambio. Así pues, mi maestro es Carlos y empecé a jugar a finales de los ochenta. Por aquel entonces nos reuníamos a jugar con Pedro González que fue compañero de juego de Carlos durante muchos años y los chicos de La Timplina, y hoy, cuarenta años después, son gratos recuerdos compartidos entre punta y punta emulando una conversación interminable que sostenemos desde entonces.

S: A pesar del tiempo que lleva activa la Escuela echamos en falta la participación en los Encuentros de Palo que organiza la Federación cada año. ¿Hay alguna razón para ello?

L: Te diré que vamos por otro camino, vemos las cosas de otra manera. Nosotros somos fundadores de la Federación, participamos activamente en su creación y asistimos a los primeros encuentros, pero un día nos dimos cuenta de que para nosotros el Palo era otra cosa, merecía algo más, y decidimos dar un paso a un lado, sin polvaceras, simplemente seguimos nuestro camino. Además, sabes que no hablamos de lo que no nos incumbe para no herir sensibilidades o ser mal interpretado. Solo tenemos respeto para todas las escuelas y estilos ¡Qué cada cual ande su senda con libertad! ¿Quién somos nosotros para decirle a nadie cómo tiene que hacer las cosas? No es nuestro estilo. Realmente nosotros disfrutamos jugando y con reunirnos a un par de veces por semana, ya nos vale la pena.

Hablando con Dimas me contaba que nuestros antepasados guanches dividían la vida en tres periodos diferenciados. El primero la infancia, donde exento de responsabilidades disfrutabas de la vida sin preocupaciones. Luego, venía el periodo de los méritos donde intentabas mejorar a través de tus acciones, pero también donde se cometen los más grandes errores. Y un tercer estadio donde ponías a disposición de los demás tu experiencia y consejo, y siento que estoy en esa etapa. Nos estamos haciendo viejos y servimos más para transmitir lo aprendido que para el lucimiento.

Nada me agradaría más que nuestros alumnos fueran mejores que nosotros, significaría que lo hemos hecho bien. Por eso estamos trabajando para dejar la tecnificación del estilo grabada y desarrollar el método de enseñanza antes de que la vejez lo impida. (risas)

S: ¿Qué crees que te ha aportado el palo?

L: Sin dudarlo lo mejor ha sido jugar, mantener el grupo y ver cómo los jugadores van aprendiendo paralelamente a que se hacían hombres y mujeres de provecho, como se decía antiguamente. Los lazos humanos creados durante estos años y el sentimiento de compartir, de formar parte de algo ¡Cuidado! No todo ha sido memorable, también ha pasado algún pollaboba que mejor olvidarlo y así lo hemos hecho, sin darle mayor importancia.

S: ¿Qué es para ti el Juego del Palo?

L: A nosotros nos gusta describirlo como una conversación sin palabras donde tú pones el tono. A veces mandas y otras permites en beneficio del diálogo, único factor a tener en cuenta, pues hasta en eso el Palo ofrece algo diferente. Mientras otras esgrimas con bastones que hay por el mundo tienen como objetivo derrotar al contrario, el Palo ofrece una interpretación genuina, no es importante salir ganador o perdedor, aquí no se gana ni se pierde, se mantiene el diálogo hasta que los jugadores crean sin restarle un ápice de intención, y cuando se cesa, se hace con la confianza de seguir alegando la próxima vez que nos veamos. Eso es el Juego del Palo para mí. También significa sentirme heredero de un legado que  transmitir a los que están por llegar. El Palo es ocio, es culturas, educación, amistad y sentido de grupo, es ocupar el tiempo en algo más que la esquina ¡No sé qué más decirte Santi! Es todo eso, pero realmente solo es un juego.

S: ¿Y de los estilos qué me puedes decir?

L: Lenguajes diferentes, idiomas distintos, diferentes formas de interpretar el juego, que bajo cualquier punto de vista es riqueza, diversidad. 

En alguna ocasión hemos compartido con escuelas Morales o Déniz y al principio nos cuesta entendernos, las trayectorias son diferentes, la distancia es otra y tiene otro ritmo, así que terminamos enralados en una conversación incomprensible donde cada uno habla un idioma distinto y no escucha, por esa razón falta entendimiento. Sin embargo, si se quiere se puede, aunque hará falta que ambos interlocutores pongan de su parte, modifiquen algún movimiento, olviden la comparativa y busquen un mejor diálogo. Pongo como ejemplo el tuyo, querido amigo. Cuando llegaste el primer día y jugaste con Carlos entraban los palos por ambas parte, y sin querer o queriendo cada uno imponía sus mañas, porque al final uno juega como ha mamado y cambiar no es fácil. Pero desde que se vieron unas cuantas veces y gastaron un rato en entenderse, el juego fluyó naturalmente y hoy da gusto verlos, cada día se entienden mejor, pero fue necesario aplicar una voluntad para que el diálogo fuera posible, apartar la competición en beneficio del juego, y en la transferencia ambos se enriquecen y aprenden cosas nuevas. 

S: Comparto plenamente este último comentario y doy fe de que fue así. ¿Quién ha sido para ti el mejor jugador?

L: Santi, esa pregunta no tiene respuesta. Han habido tantos grandes jugadores durante el siglo XX principios del XXI que cada uno en su época han sido los mejores. Elisio y Luciana, José y Pedro Morales, Tomás Déniz, Tomás Hernández en la Palma, y tantos otros que han dejado una huella imborrable, cada uno a su manera, con su estilo y humanidad. De todos ellos nos hemos lucrado los que vinimos detrás, pero nunca eché una punta con ellos, los conocí por la literatura y los vídeos. 

De los maestros con los que he jugado, mi referencia siempre ha sido Carlos, su equilibrio ataque y defensa, su movilidad que ha intentado transmitirnos a nosotros ¡Pero amigo! hay que tener una condición física que no todos tenemos. Además eso de “el mejor” es una bobería que solo sirve para crear comparaciones absurdas o para estimular algún ego, y flaco favor le hacemos al Juego con tantos adjetivos. Ese es el motivo por el que nuestro estilo no tiene apellido.

También ha habido jugadores que sin ser buenísimos, han sido más importantes que los afamados, enseñaron a muchos. Y también conozco a algún "maestro" que mejor haría montando una churrería. Así que utilizar ese adjetivo para describir a un jugador es subjetivo desde el planteamiento.

S: ¿Qué tipo de maña te cuesta más atajar?

L: Ahora ya no tanto porque hemos buscado alternativas defensivas, pero te diré que la maña que más me costó defender es el palo revirado o virado de los Morales. Por su trayectoria te obliga a cambiar de guardia en el ataje y nos entraba siempre. También porque se ejecuta desde cierta distancia y nuestro estilo es para jugarlo en distancias más cortas donde resultan efectivas las puntas a la barriga y los revoliados, que todo sea dicho de paso, a ellos también le entran. Pero esa dificultad solo duró hasta que le buscamos la vuelta, lo que venimos haciendo desde siempre, adaptarnos y buscar soluciones, y de camino seguir aprendiendo con la mente abierta, sin fidelidades, ni boberías.

S: ¿Y alguna escuela con la que te hayas sentido incómodo?

L: Imagino que te refieres a su juego. Eso no nos pasa nunca Santi. Somos gente educada que vamos poco a casas ajenas, pero cuando vamos lo hacemos con respeto y con la mente abierta para aprender de ellos todo lo que podamos.

S: Bueno Lucho, vamos a terminar como lo hacemos siempre. Nos vemos el jueves pa’echarnos una puntita.

L: Cuando usted quiera. ¡Esta es su casa!

“Pobre del que crea que se las sabe todas, porque será el primero en dejar de aprender”    

                                                                                      Luís Pérez

                                  Santa Cruz de Tenerife, a 4 de mayo de 2025


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