Carta abierta. Carlos Darias.

 


Carta abierta.

Te he hablado de mis aciertos y mis errores, de mis inquietudes y principios, de la familia y la patria, de mi lucha y los cambios del mundo. He intentado que comprendas que, aunque el mundo está loco, debes mantener la cordura y hacer tu propia lectura de las cosas, intentando no dar nada por hecho y procurando siempre llegar más allá de la superficie de las cosas.

Te dejo este consejo que a mí me ha servido, “recuerda siempre quién eres”, porque aquel que sabe quién es siempre podrá encontrarse cuando esté perdido. Busca en tu interior hasta encontrar tus respuestas, y hazte responsables de todas y cada una de tu decisiones.

Ten siempre tiempo para escuchar a los demás, porque el que escucha, entiende, y este conocimiento te hará saltar los muros que se presenten ante ti sin necesidad de golpearte contra ellos.

Algún día, espero que este testimonio de vida te sirva para reconocerte en algún gesto o para aclarar algún por qué. Cuida de tu madre, apoya sus decisiones, se su mogado y no olvides nunca que ella también tiene una vida que vivir, que no es tu sierva, es tu madre y le debes la vida, estarás en deuda con ella para siempre. Preocúpate de que sea feliz y valora su felicidad como valoras la propia.

A tu madre, le he pedido que te dé alas fuertes y resistentes, pero que te deje aprender a volar solo, que te obligue a levantar tras cada mal aterrizaje y te anime a intentarlo de nuevo. Duerme poco y sueña mucho, porque de nuestros sueños derivan nuestros retos, y son éstos, la ilusión que nos producen, los que te llevarán a hacerlos realidad.

Camina cuando los demás se detengan, despierta cuando los demás duerman, y algo muy importante que me ha costado aprender, nunca pierdas la fe en el amor, por ser éste la clave de toda felicidad. Conviértelo en tu mayor fuerza, en tu mejor arma, porque el día que seas incapaces de sentirlo estarás perdido para siempre.

Di siempre lo que sientas y haz lo que piensas. Da valor a las cosas por lo que significan para ti, no por su precio. Recuerda poner tu cuerpo y tu alma al sol a menudo, para fortalecer con ello el vínculo que te une a la Tierra, a toda ella, pero más a la tuya, pues le pertenecemos aunque a veces creamos lo contrario.

No pierdas la perspectiva de tu vida, mírala como un camino, no te centres en el momento para que mantengas la visión de las cosas, y no olvides que aunque el objetivo está en llegar a la cima, la felicidad se encuentra en la forma de escalar la montaña. Valora las cosas sencillas de la vida, porque son éstas las que llevaremos con nosotros para siempre.

Aprende a mirar a las personas como iguales, que la diferencia la marquen sus acciones, y recuerda que hay valores que valen la pena sostener, dan sentido a la vida y ayudan a vivirla con corazón. Comprende que el mañana no le está asegurado a nadie, no supongas que tu gente sabe que los quieres, díselo antes de que pare la brisa. 

No olvides decir, te quiero, pasar un rato con los amigos, hablar con los abuelos, pedir perdón, decir lo siento, dar las gracias y utilizar todas las palabras de amor que conozcas.

Si fuera hoy el último día que puedo pasar contigo, te abrazaría fuerte y desearía poder ser tu guardián para siempre…

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