¿De qué país me hablas? - Fragmento del Vínculo.

 


¿De qué país me hablas?

Nos pusimos manos a la obra pelando y lavando la verdura. Después, me instó a atar las habichuelas en grupitos de a seis con la ayuda de las greñas del millo. Cuando todo estuvo preparado y dentro del caldero, nos sentamos a charlar en una conversación informal e incongruente. Durante la misma, le comenté sobre los cambios que había experimentado el país en los últimos años. Don Damián arqueaba las cejas, como si no comprendiera de qué le hablaba.

- ¿De qué país me hablas?

- Del nuestro, de España ¿Es que no se ha enterado que llegó la democracia?

- Mira mi niño, cuando tú estabas en los huevos de tu padre, yo ya estaba aquí, y no olvides que más sabe el diablo por viejo que por diablo. A mí no me hables así, soy bastante más viejo que tú y sé perfectamente de lo que estoy hablando. Para empezar, ese país al que aludes, no es el mío, y esa historia de la seudo-democracia, tampoco es tal. Hace mucho aprendí que los cambios verdaderos en las personas, en la sociedad, comienzan en la conciencia individual, y de esos cambios, desde el siglo XV que llegaron los tuyos a estas islas, poquitos ha habido.

Aquella referencia a que los españoles eran los míos, me molestó. Realmente, siempre me había sentido canario por encima de todo. Además, me sorprendió aquel posicionamiento político, jamás se me hubiera pasado por la cabeza que el viejo fuera tan radical.

- Pero don Damián, si yo soy más canario que el gofio ¿Cómo me dice usted eso? - le dije.

- Yo no he hecho más que colocarte donde tú mismo te pusiste. Me preguntaste por mi opinión sobre los cambios en España, en tu país. Te voy a responder, la verdad que no los he visto, España me queda muy lejos, y en lo referente a mí país, Canarias, tampoco los veo a pesar de estar muy cerca.

- Bueno, algo ha cambiado, - Argumenté con aire crédulo e ingenuo - ahora decidimos nuestro futuro en las urnas.

- ¿Nuestro futuro? No es eso lo que yo veo. No se decide el futuro metiendo un papelito en una caja. Lo que sí veo con claridad, es que nuestro futuro se escribe desde donde siempre y se piensa poco en los de aquí. Un territorio de explotación donde el beneficio de unos pocos se antepone a nuestras necesidades e intereses. - Hizo una pausa para controlar el caldero de verduras hirviendo, levantó la tapa y la dejó entreabierta - He visto como nuestros campos que eran fértiles, se han convertido en bloques de cemento. Como los terrenos sembrados se convirtieron en secarrales. Nuestro pueblo se transformó de guerrero, escultores de montañas, fundadores de países, agricultores, pescadores o ganaderos, en camarero, taxista, barrendero o sirviente del extranjero. Nuestros recursos se hipotecan en pos de la dependencia, y nuestro futuro se proyecta bajo la ambición de España de entrar en Europa ¿Y nosotros? ¿Qué seremos nosotros? Ahorita mismo será Europa la que marque nuestro caminar. – Luego, chascó la lengua y afirmó rotundamente - Aquí siguen mamando los mismos. - Para añadir con cierta tristeza - y a mi pueblo lo veo rendido. Por eso estoy aquí, por negarme a aceptarlo, para que nadie pueda escribir mi destino. El mío, - dijo orgulloso - lo escribo yo con propia impronta ¡Cuidado! No es un problema humano, soy consciente de que el honesto y el perverso forman parte por igual del universo, aunque tengan distinto parecer, y sé a ciencia cierta que en España hay muchas personas buenas, y Canarias ha parido a un montón de pollabobas.  ¡No van por ahí los tiros! Es un problema social y político, nos tienen cogidos por los cataplines, la herencia colonial, la desprotección de un territorio insular que venden al primero que traiga las perras suficientes. 

Por otro lado ¿Quién es uno, para pretender que los demás vean lo evidente?  La única forma de ser coherente conmigo mismo, fue venirme a Anaga y responsabilizarme de mis actos y pensamientos. Actuar bajo mi juez que siempre ha sido mi conciencia y mi compromiso con procurar ser la mejor persona que pueda. Para muchos soy un viejo loco, pero es porque no me conocen. 

Vivo de mi huerto, de mí vínculo con la tierra. Hace ya mucho, decidí salirme del sistema, agarré las riendas de mi vida, olvidé mi importancia porque comprendí que no la tenía. Acepté que mi vida era perecedera, y un día iba a morir. Me propuse un reto auténtico, uno que realmente valiera la pena conquistar y estuviera a mi altura. Y así, poco a poco, con esfuerzo, autocrítica y grandes dosis de aceptación personal, lo intento cada día con la certeza de que solo intentarlo, me vale la pena.

Me encantaba aquella actitud de don Damián, esa firmeza y libertad. Tengan en cuenta que hablamos de principios de los ochenta ¡Franco golía todavía! y aquella mentalidad era demasiado radical hasta para el más progresista de los intelectuales canarios de la época. Tras escuchar su argumentación, no pude menos que sonreír y decirle.

- La verdad es que no anda usted muy desencaminado.

Los años que vinieron después, dejaron de manifiesto que tenía razón. El futuro que se diseñó para los hijos de Canarias, nos llevó al caos socio-político, a la superpoblación y la pobreza, a la dependencia y al desarraigo cultural de un pueblo acomplejado, permeable a todo lo foráneo, víctima de un fenómeno que aparecería después, y vino a llamarse, Globalización.

- Ya te estoy hablando demasiado de mí. Esto es algo a lo que deberías llegar por ti mismo.

En aquel momento, la cabra salió de detrás de la casa, y berreó insistentemente.  - Ya lo sé, Chiregüa. Estás de acuerdo conmigo. - Repuso con total seriedad.

Pensé que el viejo estaba colgado como una jarea, pero de extrema cordura. Una vez acabado el guiso, sirvió dos platos de verduras, y amasó gofio con el tumbo del puchero. Recuerdo que para quitar hierro a mi comentario, le dije.

- Lo que quiero decirle, es que ahora tenemos las bases para ser un país como Francia o Alemania, como Inglaterra o Holanda, aunque nos falten años de rodaje democrático. - Se descojonó, y añadió.

- Eso es imposible, mi hijo. - Cuando pregunté el por qué, me dijo - Porque España está llena de españoles y con esta gente no se puede. Viven anclados en una supuesta gloria pasada, y se niegan a ir pa’lante. Es un país bipolar con muchas deudas que saldar como pueblo. Nunca supieron consolidar un Estado, y se la pasan jodiéndose los unos a los otros ¡O piensas como yo, o eres mi enemigo! Este es su lema, sin comprender que su mayor riqueza radica en su pluralidad. 

Hay una España romana, otra celta, árabe y bereber, cartaginesa y visigoda, un país con cuatro idiomas, y una riqueza cultural del carajo pa'riba, pero en lugar de sacar pecho por ello, se empeñan en imponer la falsa idea de que lo único admisible es ¡Una, grande y libre! ¿Cómo iba a involucrarme en semejante proyecto? Me convertiría en cómplice ¡Ni de coña! Yo sé quién soy, quién quiero ser, soy canario y vivo de acuerdo a mis valores, los que heredé de mis padres y ellos a su vez de los suyos, vivo de mi vínculo con esta tierra. Todo lo demás es política, y como tal, falsa e interesada.

Sentados ya en la mesa, comenzó a hablar de la Historia Universal con un planteamiento al que yo jamás habría llegado. Decía que el pensamiento actual, era del otro día en adelante.

- La cultura occidental actual, esa que se basa en la razón y la ciencia, empezó el otro día. Hasta mediados del siglo XV las cosas ocurrían porque dios así lo quería, o porque el diablo lo había planeado. Es más, por preguntarte el por qué de las cosas, te podían cortar los huevos o quemarte en la hoguera. 

La corrupción de la Iglesia, de los curas hipócritas que eran los legisladores del pensamiento, crearon las dudas suficientes como para que miembros de la propia Iglesia y parte del pueblo, cuestionase la autenticidad de su mensaje. -  Hizo una pausa, para echarse un sorbo de vino a la boca, y continuó diciendo -  Martín Lutero marchó a Alemania para fundar una nueva Iglesia donde el pueblo sería el intérprete de las Sagradas Escrituras de una forma más humana. Así, se separaron los conceptos razón y religión creando un espacio donde la ciencia tuviera cabida. 

Fue justamente por aquel entonces, cuando una serie de sujetos, los científicos, comenzaron a argumentar lo que hoy llamamos conocimiento. Pero claro, estos nuevos científicos buscadores del conocimiento absoluto que pretendían explicar el porqué de todo, iban a demorarse en poder hacerlo. Así que, la humanidad pensó, en lo que esta gente nos explica el porqué de todas las cosas, y nos resuelve cualquier duda que tengamos en el camino a la perfección, vamos a echarnos a la bartola y esperamos, pero vamos a hacerlo de una forma cómoda y confortable, pues, como van a tardar en averiguarlo todo ¿Qué otra cosa podemos hacer? Y en busca de ese confort nos fuimos alejando cada vez más de una forma correcta de vivir.  Empezamos a inventar todo tipo de aparatos para vivir con menor esfuerzo, y con el tiempo, nos olvidamos también de nuestra esencia como seres humanos y comenzamos a concebir la vida como un ejercicio de comodidad. Nos fuimos olvidando del vínculo que nos unía a la tierra, y así nos va.

Una vez más, había destrozado la imagen que tenía de él. De cierta manera, había dado por hecho que el conocimiento de don Damián era local, que sabía de lo que sabía. En su casa no tenía televisión, ni radio que lo informara de lo que pasaba en el mundo, no lo necesitaba. Él sabía lo que había ocurrido en el planeta durante los últimos dos mil años, y con aquella argumentación demostraba que era un hombre de mundo capaz de darme un repaso sobre temas que jamás habría imaginado.

Recuerdo que pensé, seguro que se ha leído todos los libros de su estantería. Podía enseñarme a sentir la humedad que esconde la sombra del bosque, la influencia de las estaciones sobre la tierra, la disposición de los astros, a replantearme mis modelos de conducta y hacerme uno con la tierra, pero también era capaz de sorprenderme, interpretando la Historia Universal de forma tan sólida, personal y veraz.

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