Filosofía de la Escuela Maragat Hirgwán.

 


Filosofía de la Escuela Maragat Hirgwán.

De todos los responsables en entrenar deportistas, muy pocos tienen verdadera consciencia de la importancia de su labor. En ocasiones, ni siquiera se considera lo delicado que es desarrollar funciones de educador.

Cuando se trata de juegos deportivos de marcado ingrediente cultural, donde los valores éticos y morales ocupan un papel tan importante que, se llega a considerar como propio de dicha actividad, e incluso del pueblo representado, la situación se complica.

Por supuesto, el conocimiento y la enseñanza del desarrollo motor que llevas a la correcta ejecución de estas técnicas antiquísimas, que se han pulido con el paso de los siglos, no son menos importantes. Siempre considerando que hay que conseguir aptitudes físicas en el individuo a la par que éticas, pues esta modalidad es de carácter individual, quiero decir, se trata de mejorarte a ti mismo, considerándote tu mayor aval y, comprendiendo que eres tu mayor rival.

Este es el motivo por el cual la enseñanza del Juego del Palo Canario no puede ser escrita o meramente gráfica, la trasmisión oral y la directa relación entre enseñante-aprendiz, es ineludible. Este es el motivo por el que tradicionalmente se ha hecho así, transmisión maestro - alumno.

Del correcto entrenamiento físico:
Entrenamiento en grupo:
Trabajar sobre las cualidades necesarias para integrarse físicamente al grupo:


- Velocidad.
- Flexibilidad.
- Fuerza.
- Lateralidad.
- Coordinación.


Intentando llevar el entrenamiento de forma ordenada.
1 - Calentamiento.
2 - Ejercicios alternativos de fuerza, destreza, coordinación, etc.…
3 - Juego libre.
Atender a los tiempos empleados en cada punto, observando las necesidades de progresión del grupo, y ampliando cuando el nivel lo requiera, el espacio temporal del juego libre.
Incentivar la interrelación entre los sujetos del grupo más distantes técnica y emocionalmente.
 
1 - Creando subgrupos de trabajo.
2 - Separando a los más unidos y uniendo a los más distantes.
3 - Ideando que todos jueguen entre ellos.
4 - Partir de la idea de que todos somos iguales, pero dando disimuladamente un tratamiento personal a cada uno.
5 - Reservarse el derecho de admisión, porque por encima de cualquier individuo debe estar el colectivo, quiero decir, si no respeta, no pierdas el tiempo, ni consumas tu energía gratuitamente, pues aceptar a un alumno, no deja de ser una responsabilidad y un desgaste enorme.


Utilizar el juego durante el entrenamiento para mejorar cualidades como reacciones oculomotrices, sensomotrices, habilidades y destrezas, desarrollar la fuerza, con el propósito de crear la mejor atmósfera posible entre los jugadores, es buena idea, y un campo abonado para sembrar los inherentes valores de esta práctica, y conseguir el bienestar personal, a través de una comprensión y amor a los semejantes (compañerismo) que fortalezca al grupo, y haga sentir al practicante que forma parte de algo más importante que él mismo.

Identificar y valorar las distintas situaciones del juego. Dominarlas, reconocerlas y utilizarlas para establecer una correcta relación con los demás.

Despertar la capacidad de autocrítica, y enseñar a utilizarla para la evolución personal consciente. Trabajando sobre defectos y dificultades, sin regocijarse de beneficios, reconociendo en sí mismo el único rival a vencer, asumiendo una batalla sin final con humildad y osadía.

Es importante que el jugador se reconozca y aprecie la pertenencia al grupo (familia, escuela, etc.) con características y rasgos propios. Así como observar las características de otros grupos desde el profundo respeto a su trabajo e interpretación del juego.


 Destrezas.

El desarrollo de habilidades y destrezas, a través de la experiencia y el análisis de las diferentes posibilidades de respuesta. Se trabajan los giros (o triangulación), saltos, desplazamientos, lanzamientos, recepciones, etc., o lo que es lo mismo “la conciencia del dominio espacio” buscando una mayor calidad de movimientos, además de mantener una actividad motriz del individuo que mejore su condición física. Atendiendo a la mejora de la estabilidad y el equilibrio corporal, la coordinación dinámica espacial, y la sincronización.

El conocimiento de las posibilidades de cada uno también ayuda. Gracias al desarrollo de conductas motrices, permitirá mejorar la capacidad de decisión de dicha conducta, obteniendo mayor autonomía personal, seguridad y autoconfianza como jugador, posibilitando que cada uno realice aprendizajes significativos por sí mismo, y desarrolle su creatividad a la par que progresa en el juego.
“el aprender es un cambio relativamente permanente en el rendimiento que, según se ha demostrado, es producto de la experiencia”
Walker, 1967.
Cuando las destrezas adquiridas se desarrollan correctamente, y se demuestra el dominio circunstancial de patrones motrices, sobre los que se ha trabajado con anterioridad a base de repeticiones, se consigue que fluyan a modo de destreza propia. Es el momento en que habiendo alcanzado un alto grado de automatización, aparecen las mejoras con eficacia y fluidez constantes durante el juego, hasta alcanzar a hacerlas nuestras sin pensarlas.
“Durante el juego no hay tiempo para la reflexión, así pues tendrás que confiar en lo que te queda, acción – reacción, y cuanto más posibilidades tengas de hacer y rehacer, mejor jugador serás, más te lo vas a gozar.
Luís Pérez.




Coordinación.

Una buena coordinación nos permite “realizar acciones motrices con precisión y economía, tanto las previstas como las imprevistas, así como aprender más rápidamente los gestos deportivos”
Fray, 1977.

Para conseguir una perfecta coordinación, por supuesto que hay que haber conseguido antes un tono físico que nos garantice la posibilidad de llevar a cabo la acción propuesta.

Durante las repeticiones del entrenamiento, se irá puliendo la administración del esfuerzo de acuerdo con las posibilidades de cada uno, para evitar el consumo innecesario de energía, que te lleva al agotamiento prematuro y entorpece su juego, en ocasiones, incluso, frenando la fuerza que debería imprimirse al implemento (palo) de haber ejecutado una correcta realización.

Para ejecutar correctamente una acción (un movimiento) como automatismo, hay que conseguir anteriormente una aptitud física y psíquica, que sólo se logra a base de repeticiones, de forma que se asuma de modo inconsciente.

La necesidad de trabajar sobre la coordinación no tiene nada que ver con la estética, como se pudría creer. La coordinación está relacionada con la energía del movimiento, y por lo tanto, con la fatiga, ya que el sujeto coordinado elimina todo movimiento innecesario inconscientemente. Se distribuye mejor el esfuerzo real, imprimiéndole al movimiento la naturalidad lógica que merece.

Sugerencias prácticas:

- Aumentar o disminuir la velocidad de ejecución.
- Variar los movimientos de ejecución.
- Trabajar ambas cuadras.
- Relajación parcial de determinadas áreas del cuerpo.
- Entrenar sobre distintas superficies.
- Hacer partícipes a todos del mando del entreno, entre otras.

El aprendizaje social del practicante, ya que su capacidad motora es un mecanismo físico de interrelación e interacción con el mundo que nos rodea, es responsabilidad del enseñante hacerlo bien. Por eso consideramos tan importante trabajar la personalidad del jugador, ensalzar sus virtudes, y hacerle comprender sus defectos, para ofrecerle una propuesta de crecimiento personal más allá del juego.

Para ello, debemos identificar sus valores y considerar su contribución, desarrollando una actitud crítica ante el uso incorrecto de esta práctica, (sacarla de contexto) al tiempo que una actitud favorable, contribuirá a construir algo mejor, y ya se sabe que las buenas acciones, derivan de los buenos pensamientos.

Si hablamos de unas características particulares de expresión, y unos valores de comportamiento propio, hemos de tener una capacidad, digamos intuición, para apreciar las desviaciones de carácter y comportamiento de cada sujeto, pues cuando se consigue un grupo homogéneo, el comportamiento de cada individuo influye en el resto, y un mal ambiente en el grupo tiende a crear subgrupos que afectan a la unidad y el rendimiento general, incluso a la gestión del grupo.



Lenguaje Bidireccional.
En un deporte lúdico donde se confunden los términos oposición y cooperación, pues solamente se juega contra los compañeros del equipo propio, la adaptación se convierte en obligada para conseguir buenos resultados, y una mayor satisfacción en el juego, muestra o exhibición.

Dicha adaptación, es definida por expertos jugadores como un lenguaje existente entre los dos participantes. Tal vez, sea la explicación de Carlos el chispa, la más aclaratoria al respecto:

El juego del palo es como un diálogo entre dos personas. Los dos tienen que tener voluntad de hablar. El que domina, a veces acosa, otras permite pero hay que demostrar voluntad. El tono de la conversación lo pone cada uno, a veces con cariño, otras a gritos.
Carlos Darias.
Esta característica, inaudita en este tipo de modalidades, es lo que convierte al Palo Canario en algo tan especial. Es lo que forma el carácter peculiar del jugador de palo. A pesar de evidenciarse el carácter del sujeto a través de su juego, porque es insalvable la interrelación entre desarrollo motor y psíquico-intelectual, de la mano se abrazan los valores que se exigen para la correcta práctica de este juego, a través de un adecuado comportamiento y autocontrol.

Agresividad.

El control de la agresividad es una meta por alcanzar en cualquier juego o deporte para conseguir una estabilidad emocional, siendo ésta la actitud ideal para conseguir mayor rendimiento y conseguir la lucidez mental que permita la visión necesaria, para interpretar en qué momento debe ejecutarse cada una.

La agresividad incontrolada llevada al juego es el mayor enemigo del jugador. Es el mejor aliado que se puede tener para sumir al agresivo en lo que llamaremos “ahogo”, término donde abarcaremos actitudes nerviosas causadas por el miedo al fracaso, a no estar a la altura, a la excesiva autoexigencia u otras situaciones agobiantes de su vida que nada tienen que ver con el Juego del Palo, lo trajo de casa.
La sensación de ahogo psíquico tiene su equivalente somático en: agarrotamiento muscular, taquicardia, fatiga, sudoración, irritabilidad, sed, necesidad de orinar, e insatisfacción personal que jamás conducen a la mejor versión de cada uno, verdadero objetivo del juego.
Si no asumimos estas sensaciones como normales, y las desligamos de la acción a desarrollar, gestionándola con propósito de enmienda y afrontándolas como tareas pendientes, aún no hemos conseguido la mínima madurez para guiar un grupo.

“Hay que reconocer al único enemigo, en uno mismo.” 
Pedro Glez. Cánovas.

Incentivos.

Los incentivos para deportistas se han convertido en una parte muy importante del tratamiento psicológico empleado para estimular a las personas que han de desarrollar un determinado esfuerzo o han alcanzado alguna meta. Digamos un reconocimiento destinado a motivar al practicante para alcanzar la siguiente.

Los incentivos son personales, como lo son los logros, y la persona cualificadas para otorgar dichos reconocimientos es “el Maestro” de la escuela, con quien se puede estar de acuerdo o no, pero el respeto a sus decisiones debe ser manifiesto. El maestro y los compañeros deben arroparte para que consigas tus objetivos (ser mejor jugador y persona cada día) y si el maestro te demora el reconocimiento de un logro, piensa que ¡Por algo será! ¡Cultiva la paciencia!
Si tratamos este tema de forma general, dividiremos a los jugadores en tres grupos.

- Los iniciados.
- Los practicantes con nivel de exhibición.
- Los enseñantes.

Los iniciados.

Todo aquel que se acerca a esta modalidad, y agarra un palo con el propósito de aprender, merece el tratamiento de iniciado.

Los iniciados, como todos, deben aprender a reconocer los distintos niveles dentro del grupo, que aunque compañeros merece tu respeto por el tiempo dedicado y su generosidad a la hora de enseñarte y producir en el sujeto el deseo de superarse y el ansia de aprender. Se trata de un estímulo propio, que fluye de dentro hacia fuera, esperando la confirmación de la mejora trabajada, en la práctica del juego.
También debe ser incluido, desde que reúna los primeros conocimientos, en talleres y encuentros donde pueda valorar sus mejoras técnicas, y emparejarlo con quien tenga especial empatía y colabore en su “diálogo de juego”, (hablando en plata, un jugador superior que le dé vidilla) observando su satisfacción, y como se relaciona con el reconocimiento y la mejora, si lo convierte en motivación que lo anima a seguir, o si se convierte en Luck Sky Walker.
También ayuda, compartir la historia del juego del palo, y la historia pasada y presente del grupo, haciéndolo partícipe de la misma.

Planeando un futuro donde lo incluyes directamente, le permites soñar con su evolución personal. Pero caminaremos esa senda (por riesgo a grandes decepciones) con pies de plomo, lentamente, sin gastar en estímulos exteriores, que en ocasiones hacen olvidar los adquiridos personalmente, que normalmente tienen una base más firme y sólida.

Practicantes.

Aquellos que han alcanzado durante el aprendizaje un grado de madurez superior. Su nivel exige un trato diferente al iniciado. Su participación en la trasmisión de lo aprendido debe ser mayor, e incluso cuando el maestro lo crea conveniente, asumir la responsabilidad de enseñar a un iniciado, colaborando con la escuela y aprendiendo en el proceso a trasmitirlo y explicarlo. Alentando al jugador novel a seguir intentándolo y disfrutar del juego, sin duda alguna ni temor a equivocarme, primer objetivo de esta práctica, disfrutar, divertirnos, hacer amigos, y de camino ir puliendo alguna arista, mejorando algún ajuste, cambiando algún detalle, dentro y fuera de nosotros mismos.

El Enseñante.

Debe estimularse, casi exclusivamente de los resultados de su propia labor. Esforzándose en hacerlo bien para poder congratularse de su propio trabajo. 

El enseñante, como rector de un grupo, debe estar capacitado para identificar y resolver problemas referentes al tratamiento social entre el grupo, muchas veces improvisando y confiando en la experiencia propia y ajena, pues las personas no vienen con instrucciones, y cada una de ellas es un mundo.

El Maestro.

El Maestro no se autoproclama, es un respeto que deben ofrecerle sus alumnos libremente, porque así lo consideran y comprenden que lo merece ¿Qué quiero decir con esto? que no se puede agradar a todos, ni es de recibo intentarlo.

El Maestro, por el contrario que el enseñante, debe tener sentido de grupo y separar a todo aquel que lo debilite. No ponerse a la altura de los alumnos, (especialmente aquellos con problemas de ego) y marcar la diferencia es el mejor y más inspirador ejemplo que se le puede ofrecer al colectivo.

El Hirgwan.

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