Análisis documental e interpretación del juego del palo canario



Análisis documental e interpretación del juego del palo canario

Por Alejandro Rodríguez Buenafuente, maestro de juego de palo.

Línea de ascendencia: Ángel González Torres (1949), Tomás Déniz Hernández (1900-1983), Nicolás Morales Martín (1865 - 1944), José Morales Martín (1854-1935), Pedro Pestana Gevara (1832-1905)
El “juego del palo” o “juego del garrote” es una centenaria tradición isleña que consiste en el enfrentamiento digamos “deportivo” entre dos personas, que muestran y contrastan sus habilidades en el manejo, o “juego”, de palos, bien sea privado o, principalmente, ante un público más o menos amplio, y que puede estar más o menos implicado dicha la actividad, pudiendo variar tal implicación desde la mera expectación neutra en una demostración festiva, hasta la toma de posición más radical por uno u otro de los contendientes en el caso de un desafío violento.
A partir de mediados los años 70 del s. XX, se inició en Canarias un fenómeno de confusión terminológica y técnica alrededor de esta práctica, que incluso se ha trasladado a ámbitos internacionales con la revolución digital de la información. Así existe un amplio abanico de interpretaciones sobre ella, que va desde la consideración casi coreográfica de una serie de estilos tradicionales familiares, hasta la aceptación de un número creciente de “artes marciales canarias”, entre ellas, “lucha del palo”, “lucha del garrote”, “lucha del tolete”, “arte del palo” o “mano” canaria”.
En el actual momento, la situación es especialmente confusa para quien se quiera aproximar a esta tradición, principalmente por la existencia del apoyo oficial a lo que parecen presentarse como, al menos dos, tradiciones diferenciadas gestionadas o favorecidas por dos instancias de carácter oficial: una “Federación de Juego del Palo” y una “Federación de Lucha del Garrote”.
La fecha en que podemos situar el inicio de esta situación confusa es el año 1975, que supone un hito en cuanto al juego del palo en Canarias, puesto que se produjo por primera vez con relación a la actividad un movimiento corporativo: la aparición de una asociación centrada específicamente a su promoción y práctica, La Asociación de Amigos de la Lucha Canaria y el Juego de Palo (aunque en esta primera ocasión, nó en solitario sino con la lucha canaria, que sí que había desarrollados clubes formales desde al menos principios de los años 40). Esto supuso un cambio radical, en tanto que implicó que los practicantes dejaran de limitarse a ejecutar la tradición, para comenzar además a intentar explicarla a los no practicantes; por aprovechar la polisemia: digamos que a intentar, además de ejecutar, el escribir la partitura. El resultado fue una rápida diferenciación de opciones de interpretación de la tradición y, lo que es más importante, el comienzo de esfuerzos conscientes para promocionarla, enseñarla, y darle unas perspectivas concretas de futuro. También implicó que se incorporasen súbitamente nuevos practicantes, ajenos a la tradición, quienes, lejos de intentar esperar a comprenderla y asimilarla, se lanzaron rápidamente a proponer explicaciones e interpretaciones.
A finales de la década se observa la coexistencia de una una visión folklórica y costumbrista en las primeras publicaciones específicas sobre el juego del palo, con una propuesta deportiva a ultranza, que se evidencia con la publicación de un reglamento en 1978. Dicha opción además, inicia un fenómeno característico de esta nueva etapa: el intento de sustituir el nombre original de la actividad por otro supuestamente más acorde. En este primer caso se trata de sustituir “juego del palo” por “banot”, nombre de una antigua arma de madera de los aborígenes canarios.
En 1982 se propugna una nueva asociación que incide de nuevo, y doblemente, en tal dinámica, su nombre es Asociación de Palo Canario (ASPAC), lo cual ya supone una nueva propuesta de denominación que elimine la palabra “juego”, pero además propone a través de su fundador en 1984 una “variedad de juego del palo”, inicialmente de la isla de Gran Canaria, que llaman “lucha del garrote”, sustituyendo y no sólo eliminando el uso popular local “juego del garrote”, por considerarlo una suerte de ocultación cultural de una técnica bélica, ante una supuesta y nunca demostrada persecución de la misma por parte de las autoridades.
En 1985 se constituye otra nueva asociación en la isla de Tenerife, La Asociación de Juego del Palo (AJUPAL), que consolida un nuevo concepto: el de los “estilos”. Esta propuesta pretendía salvaguardar las líneas tradicionales de transmisión, principalmente familiares, y las variabilidad técnica que se comenzaba a observar entre los jugadores de dichas líneas a medida que estas se iban haciendo conocidas para las nuevas generaciones, ajenas a la tradición. Dicho concepto, aun cuando ha contribuido a conservar particularidades, ha dotado a los señalados “estilos” de unas características técnicas muy específicas, que rozan incluso la convención estética, lo cual ha tenido la grave consecuencia de impedir, de hecho, la posibilidad de los antes tradicionales enfrentamientos entre jugadores de distintas líneas de ascendencia. A finales de la década se había estipulado la existencia en el archipiélago de 7 “estilos de palo medio” y 2 “estilos de palo grande”, considerando además la posibilidad de incorporar “estilos de palo chico”.
En 1993, el Gobierno de Canarias, inició las acciones para incorporar el juego del palo a la entonces en proyecto Ley Canaria del Deporte, con la creación de dos Agrupaciones, germen de las futuras Federación de Juego del Palo y Federación de Lucha del Garrote, recogiendo así las dos posturas asociativas predominantes. La Federación de Juego del palo asumió íntegramente la propuesta de estilos de AJUPAL, lo que obviamente, implicaba la imposibilidad de una competición, mientras que la Federación de Lucha del Garrote propuso una modalidad deportiva con una técnica unificada y que, si bien no inicialmente, acabó promoviendo una competición regular a partir de 1997.
Con relación a la práctica tradicional: ambas federaciones han dado lugar a problemas y no han conseguido en absoluto representarla, de hecho más de la mitad de los practicantes actuales conocidos, no se ha incorporado a ninguna de ellas.
Por un lado, la Federación de Juego del Palo, al cerrarse en un número concreto de “estilos” estrictos, ha hecho imposible que las líneas de transmisión no reconocidas en su momento se pudieran incorporar a este proceso institucional, demostrándose, por otra parte, muy poco práctico el intentar promocionar líneas y escuelas tradicionales de enseñanza a través de un sistema de clubes deportivos a ultranza.
Por el otro, la Federación de Lucha del Garrote, al proponer una interpretación técnica única y oficial se distanció, de salida y absolutamente, de las escuelas tradicionales, incluso de aquellas que estuvieron presentes en su concepción intelectual, tal es el caso de la escuela tradicional del maestro Francisco Santana, presentada inicialmente como originaria por la antes citada ASPAC, y que incluso ha acabado por integrarse como club deportivo en la otra federación. Pero, además de esto, hay que destacar como la gran precisión que se puso en la descripción técnica estatutaria, ha hecho que haya quedado fuera de su jurisdicción el uso de palos cortos, fenómeno perfectamente integrado en la tradición y que, como hemos señalado, si que estaba recogido por la Federación Juego del Palo.
En 2003 y tras una serie de intentos no muy exitosos, los promotores originales de la lucha del garrote y de la federación correspondiente, lograron la consolidación de una asociación específica para recoger esta tradición de palos cortos, la Asociación Nacional del Tolete Canario (ANTC), que, incidiendo en la postura de eliminar el término previo tradicional “juego de”, propugnaba una nueva interpretación integrada, que denominaron “lucha del tolete”, que se presentó finalmente en 2010 ante la Comisión de Juegos y Deportes Autóctonos Canarios, órgano colegiado de la Dirección General de Deportes, para solicitar, sin éxito, una tercera federación en torno al manejo, o “juego” de palos cortos.
Por último, hay que reseñar como precisamente en 2010, se consolidó un proceso de promoción de la llamadas “artes marciales canarias”, con la convocatoria del Primer Congreso Internacional de Artes Marciales Canarias, y que ha culminado con numerosos grupos dedicados a estas pretendidamente tradicionales artes marciales isleñas, que cuentan con la colaboración explícita de la Federación de Lucha del Garrote, cuyo actual presidente lo es también de una asociación denominada Tagoror de las Artes Marciales Canarias, que considera como tal incluso a la lucha canaria.
Con relación a la tradición concreta que aquí nos compete, es de destacar cómo esta propuesta marcial, ha intentado dar respuesta a un aspecto tradicional no recogido con anterioridad por ninguna de las federaciones y asociaciones: el llamado “juego de la mano” o “juego de mano”, un tipo de enfrentamiento pugilístico ancestral vinculado al juego del palo y característico de sus antiguos practicantes.
La situación previa al asociacionismo y la intervención institucional. El relato histórico.
Hasta aquí hemos intentado resumir la confusa situación en que ha devenido esta tradición isleña desde 1975 hasta el momento presente. Sin embargo, el relato histórico es claro: se puede rastrear documentalmente aquella en las islas desde, al menos, los inicios del s. XVIII, en el que ya podemos encontrar el uso específico de la expresión “juego del palo” y descripciones de la actividad.
Su origen, muy probablemente está en la cultura aborigen, tal y como parecería demostrar documentación del S. XVI, en la que se hace referencia a unos “desafíos de los canarios” consistentes en una suerte de competiciones con palos, pero también con piedras, cuchillos de obsidiana y finalmente lucha cuerpo a cuerpo, muy reguladas en su forma de participación (campos específicos, jueces y jurado...) y en sobre las que se indica en las fuentes que una de sus principales motivaciones era la demostración de valor y destreza.
Con relación a lo anterior, es un hecho el que también hay constancia de este tipo de enfrentamientos públicos en el mundo europeo medieval, con lo que se pudiera argumentar una influencia inicial externa a las islas, pero parece que en el siglo de la conquista de aquellas, dicho comportamiento no fuese ya tan habitual y, de hecho, llamó a la atención de los europeos. En cualquier caso no hay evidencia de tradición de combates públicos a palos en la Península Ibérica entre los siglos XV y XX, salvo en el caso del norte de Portugal e islas Azores y Madeira, en donde se conocen sólo desde finales del s. XIX, siendo un fenómeno completamente ajeno a las tradiciones circundantes, y por tanto, plausiblemente vinculable a la tradición isleña, opción que se reforzaría por la notable relación histórica que se puede establecer entre Canarias y las islas atlánticas portuguesas, incluso en lo que a la población aborigen canaria se refiere.
Por otra parte hay que resaltar el hecho de que esta demostración pública de combates con palos aún forma parte de multitud de tradiciones africanas, a las que pertenecía la cultura aborigen de Canarias. Por lo tanto, la hipótesis de un origen preeuropeo del juego de palo canario, como demostración pública recurrente, es la más plausible.
La expresión ”juego del palo” o “juego de palo” (garrote, lata, vara, tolete, chola, mano...) significa en idioma castellano manejo, ofensivo y defensivo, del palo (...etc). Se trata de una acepción actualmente poco empleada de la palabra “jugar” pero que sigue reflejándose en el diccionario de la RAE (manejar un arma, acepción no 20). En el caso concreto de Canarias es destacar, por ejemplo, como ya el poeta Viana, habla constantemente en su epopeya de la conquista, de “jugar” palos, mazas, “suntas”, espadas, montantes, picas...; pero para ver lo habitual de este uso en otros tiempos, baste con hojear cualquier manual de esgrima en castellano anterior al s. XX.
Desde un punto de vista meramente utilitario, el juego de palo (de garrote, de...) es una habilidad o conocimiento que permite dominar a un contrario en una situación violenta. Como ha pasado con otras muchas habilidades inicialmente útiles, el juego de palo ha llegado a desarrollar una expresión deportiva, es decir no utilitaria, en Canarias y en otros muchos lugares. Y si nos atenemos al uso en idioma castellano (o incluso portugués) de este término, la expresión juego aparece recurrentemente para nombrar y describir tradiciones populares de esgrima (palabra que se ha acabado imponiendo a “juego”) donde se instaló tal idioma: en Venezuela, Colombia, o incluso Filipinas.
Las fuentes documentales:
En Canarias, a parte de las antes citadas referencias a los desafíos a palos de los aborígenes, la primera mención explícita al ​“juego del palo” ​se hace a principios de s. XVIII,
y en ella se caracteriza en primer lugar como una ​“burla” peligrosa, pues podía acabar con la muerte de uno de sus practicantes, pudiéndose entender además, por el contexto en que se hace, que se trataría de una demostración pública de carácter popular, sin que se especifique un lugar concreto de manifestación, por lo que se hace plausible para cualquier parte del Archipiélago.
La segunda mención en las islas que hemos podido localizar es mucho más concreta, pues se refiere inicialmente a la ciudad de La Laguna y exactamente al año 1750. En ella se describe la práctica como una demostración y entretenimiento habitual en fiestas populares, pero también como una técnica bélica ordenada, de la que incluso se podían ​“tomar lecciones”​, y que podía tener un uso útil concreto, que en dicha cita se substancia en la defensa efectiva ante un ladrón armado, con el resultado de la muerte de aquél. La terminología empleada aquí para describir, tanto a la técnica bélica como a la manifestación festiva es ​“juego del palo” o ​“jugar el palo”​, aunque se especifica, en cuanto al útil empleado, que las expresiones populares “palo” y “garrote” son estrictamente sinónimas, por lo que debemos de entender que en ese momento las expresiones ​“juego del palo” y “juego del garrote”​; o ​“jugar el palo”​ y “​ jugar el garrote”,​ también lo eran.
Hacia 1820 encontramos la tercera cita a tener en cuenta en torno a esta actividad, no tanto por la aparición de la expresión “juego de palo” o “juego de garrote”, que no se da de modo estricto, al tratarse de un texto en inglés; sino principalmente porque existe una descripción muy concreta de la forma de utilización técnica y se acompaña con una ilustración. La referencia se hace sobre los, caracterizados como habituales, desafíos a palos de los habitantes de la isla de Fuerteventura, y se describe cómo característico el agarre del útil, que si que se denomina en castellano en el texto original como ​“garrote”​, por su mitad. En la ilustración adjunta se ven dos hombres enfrentándose a muy poca distancia con dos palos algo más altos que ellos mismos, siendo de especial relevancia el hecho de que existe un tercero que parece estar interactuando. Podría tratarse de un enfrentamiento entre tres contendientes, lo que sin duda se contradeciría lo que sabemos del posterior desarrollo de esta actividad en las islas (no así en Portugal) que normalmente se reduce al enfrentamiento entre dos; pero más probablemente se trate de un una especie de juez, responsable de que el enfrentamiento se produjera correctamente dentro de unos términos pactados de juego limpio. Esta figura, sin embargo, sí que es conocida en la posterior evolución, no sólo del juego del palo, sino también de la lucha canaria: se trata del “hombre bueno”, antecesor directo de los actuales árbitros de lucha canaria, y figura reflejada ampliamente en las menciones escritas u orales a los desafíos de jugadores de palo en el s. XX. La existencia de este personaje y la misma referencia en el texto de que los implicados en estos desafíos ​“Lo usan con gran entusiasmo,”​, implicaría que nos encontramos no ante unos encuentros clandestinos que interesara mantener escondidos sino ante una manifestación relativamente pública y mínimamente reglada, algo que en castellano actual, podríamos denominar como deporte, y teniendo en cuenta que a principios del s. XIX, cuando se escribió este texto, dicho término no se había generalizado todavía en nuestro idioma.
En 1900 se publicó un relato corto del autor regionalista Benito Pérez Armas en el que se describen de forma meticulosa muchos aspectos sociales y técnicos de esta tradición. En este relato, que se situaría a mediados del s. XIX en Tenerife, en la localidad de San Miguel de Abona y en en Las Cañadas del Teide, un jugador de palo famoso del norte de la isla busca a otro en el sur para desafiarlo en combate público, haciéndose referencia, sin mayores especificaciones, a unas ​“reglas”.​ Se describen también un combate de supervivencia entre un jugador y tres rivales; y, por último, un desafío privado. Técnicamente es de destacar el uso indiscriminado de los términos ​“palo” y “garrote”,​ para hacer referencia al útil empleado, y llegándose incluso a señalar unas dimensiones ​“de reglamento”​, que serían desde el suelo hasta el hombro del jugador que lo porta; habiendo, no obstante, varias menciones específicas a un único ​“arte de jugar el palo”​. También es muy relevante la delimitación técnica de dos formas de jugar el palo, dos “escuelas”.​ Una de ellas parece aproximarse a lo relatado por Diston 80 años antes: un agarre centrado y uso alternativo de ambos lados del palo, que se aquí se denomina como ​“juego de trozo y punta”; mientras la otra forma implica el agarre firme por una de las dos puntas, cerca de su extremo, de manera que si se quiere modificar el lado de acción del ataque o la defensa, puede ser necesario el “recoger” el palo en un movimiento circular para volver a orientarlo, y que, contradictoriamente, aquí se denomina como ​“escuela majorera” en referencia precisamente a la isla de Fuerteventura.
Hacia el año 1910, el que ahora llamaríamos etnógrafo o antropólogo, Juan Bentencourt Alfonso (1847 - 1913) estaría incorporando los último datos a su exhaustiva e inconclusa Historia del Pueblo Guanche, que no se publicaría hasta 1995. En los capítulos XIII a XVII de dicha obra, ”Juegos Beñesmales, Gimnástica”, el autor hace una descripción de los deportes de los aborígenes de Tenerife basándose en gran medida en la traspolación de los datos etnográficos recogidos en sus investigaciones de campo a los datos históricos a los que pudo acceder. En el caso del ​“juego del palo o garrote”​, como lo denomina, habla también de dos grandes escuelas, la de ​“trozo y punta” y la de ​“palo largo”​, y describe muy detenidamente las características técnicas de una variante de la segunda, “a ​mano fija” y “​juego cerrado”​, especificando incluso las guardias o ​“cuadras”​, indicando su función y utilización concretas en momentos específicos del combate, e incluso señalando en qué partes de la isla dominaba una u otra escuela. Esta precisión hace pensar en que el investigador tuvo acceso a practicantes activos y experimentados, si es que él mismo no lo era, de éste del que dice que: “en nuestra juventud fuimos muchos los que conocimos tan varonil deporte”. Por último, y con relación al antes señalado ejercicio de confusión creado sobre la terminología de los útiles a partir de mediados los 70 del s. XX: señalemos como Juan Betencourt usa como término específico la expresión “​juego del palo​ ” o ​“juego del garrote”,​ o incluso ​“juego del palo o garrote”​; para luego utilizar en sus explicaciones como sinónimos, de forma indistinta y puntualmente en una misma frase, las palabras ​“palo”​, “garrote” y​ ​“estaca”​.
En 1935, se publicó en el periódico local “El día” una entrevista a un jugador de 76 años, llamado José Morales Martín del pueblo de San Andrés, con ocasión a una exhibición de juego del palo que se haría el día siguiente en las plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife. Éste, que consta como partícipe destacado en al menos tres de las líneas de transmisión más conocidas del noreste de Tenerife, aparece reputado en ella como ​“maestro”​. No se trata de la primera vez que sale a colación esta consideración de maestría, puesto que ya en el pié de en una foto de 1920, palo en mano, de un hermano del anterior, consta escrita
de puño y letra de uno de sus discípulos: ​“Nicolás Morales, el maestro”​. No obstante, esta entrevista resulta especialmente ilustrativa sobre las características de tal consideración, ya que no parece ajustarse a esa figura casi institucionalizada a la que nos suelen referir las artes marciales de corte oriental. Aquí el maestro lo es por su labor de enseñanza y por el reconocimiento de sus discípulos: en esto D. José es claro, “Porque yo nunca he ofendido a ningún discípulo”,​ añade ​“Si Señor, todavía me llaman de los campos. (...)” e incluso especifica que también es porque cobra barato ​“(...) Y como cobro barato... dos o tres pesetas por clase..”.​ Afirma además haber enseñado, incluso a mujeres, y en Cuba, a donde tenemos constancia de que vivió en dos períodos, al menos 20 años como colono.
En cuanto a la enseñanza en sí misma, se entiende que ha de haber algún tipo de sistematización y reflexión previa, al especificarse que se explica cómo una lección y que existe un período mínimo para obtener unos conocimientos suficientes: ​“Yo explico el juego como la «licion» que está en un libro. No hace falta más. Y en un mes está listo.”.​
Y en lo que se refiere a los contenidos, queda claro que lo que se enseña es un conocimiento útil, acorde a lo que actualmente se denomina “defensa personal”: “Pero el que yo enseñe y diga que ya puede andar por donde quiera, ya puede andar por donde quiera.” ​y que después cada jugador hace sus propias reflexiones y elabora puntualmente su propio juego según sus necesidades puntuales: ​“Hasta cuatro jugadores de palo se me echaron encima una vez, me defendí de los cuatro. Yo solo, con mi cabeza fui sacando juego.”​. Este énfasis del conocimiento útil como elemento fundamental, se evidencia, por ejemplo, en sus consideraciones sobre los tamaños y características de los palos, a los cuales no da mayor importancia puesto que el juego se puede adaptar técnicamente a ellos “Da lo mismo que sea un palo corto que uno largo. Pero con un palo largo cualquiera se mete dentro; el palo corto es mejor para defenderse. Para eso basta con un bastoncito.”​; e incluso llega a hacerse extremadamente patente cuando deja entender que el “juego” no implica necesariamente, no ya el uso de un arma u otra, cuando especifica que “​Y yo con un cortaplumas me defiendo de un palo por largo que sea.”​; sino incluso que no necesita arma alguna: ​“El que, como yo, juega de palo, juega de mano.” Por último, es de destacar como forma parte del fenómeno el derribar a un contrario sin dañarlo, con lo que se consigue una victoria nítida sobre él ​“No quiso creerme. Le dije que tirara sin miedo y así que tiró cayó con la barriga al aire.”
No obstante todo lo anterior, la entrevista también deja claro que existe una manifestación no útil de este conocimiento y que es muy importante, como lo confirman las referencias a un “juego noble “: ​“Yo creo que el juego del palo es de los tiempos más antiguos; desde los guanches. Y es un juego noble.”​, el hecho de la misma exhibición pública del día siguiente que es la que justifica la entrevista, y las muchas menciones a demostraciones más o menos públicas: ​“Una vez en Cuba, como lo iba diciendo – continúa -, cuatro negros jugaban al machete. Yo me paré a verlos jugar Así que me divisaron y me dijeron: - ¿Qué miras isleño? - Y yo les contesté: Miro el juego porque me gusta. - Entonces ellos me volvieron a decir: - Los isleños sólo sirven para el garrote, pero no para el machete - Me llene de coraje y les grite: - Los isleños sirven para lo que se presente. (...) - Los presiné a todos. Y quedamos tan amigos.”
Entre ésta de 1935, además de algunas anteriores citadas muy escuetamente en las fuentes, y el tope que nos hemos puesto en 1975: hay registradas documentalmente un número considerable de demostraciones públicas o “exhibiciones”. De estas, probablemente la más interesante es una realizada en 1938 en la localidad de El Puerto de La Cruz entre los jugadores Tomás Déniz Hernández y Domingo Gutiérrez Martín, puesto que tiene la rara cualidad de haber sido grabada en super 8. En ella se puede ver un claro ejemplo del “juego de palo largo” descrito por las fuentes anteriores. Existiendo incluso una cortísima grabación en un Nodo de 1953, del anteriormente citado Tomás Déniz y uno de sus hermanos.
En 1955 se produjeron las únicas competiciones públicas de las que tenemos noticias documentales (aunque la fuente oral las suele mencionar de carácter semiprivado como habituales por estas fechas en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife), vinculadas a competiciones de lucha canaria, en las localidades de Güímar y La Orotava y protagonizadas, entre otros, por una de las poca mujeres que demostraron públicamente su conocimiento del juego del palo, dña. Luciana Díaz Rodríguez. Literalmente: ​“combate que ha despertado gran expectación en los medios deportivos de Tenerife por ser la primera vez que una mujer tinerfeña sale a la palestra en el juego de garrote”.
Por último, y para acabar con este breve repaso de las fuentes documentales del juego del palo hemos de comentar una entrevista de finales de los 50 realizada por el periodista Luis Álvarez Cruz precisamente a aquella famosa jugadora. En ella se encuentra un fase de esta temible mujer que resume complemente el sentido verdadero de ese a veces denostado “juego”, si otro motivo que la incomprensión de su nombre, es decir, la ignorancia.
“Los maestros no enseñan sino la ciencia. Lo demás no. (...) Pues eso: lo que no se puede aprender. Las puntas que tiene cada uno. Eso ni se enseña ni se aprende, por lo que cada uno ha de valerse por sus medios”.
La conclusión
Creemos que resulta especialmente significativo el que se pueda exponer una imagen nítida del juego del palo a mediados de los 70 contando exclusivamente con la información disponible en aquella época. Y, en el convencimiento de que esta imagen se ve muy poco afectada por lo conocido sobre la tradición con posterioridad a la fecha que hemos tomado como referente, proponemos que es, por tanto perfectamente válida para describir las características principales del juego del palo en Canarias en la actualidad. A saber:
1. El juego del palo canario es un conjunto de sistematizaciones no escrito de técnicas útiles de manejo, o juego, de palos con una finalidad bélica.
2. Dicha sistematización técnicamente responde no sólo al manejo específico de armas de madera, es decir, palos, con unas u otras características tipológicas, sino que también lo hace a conceptos más generales e integrales de combates con o sin armas, principalmente los basados en la esgrima (“juego de palo”) y el pugilato (“juego de mano”), es decir en el impacto, y obviando en general los agarres y llaves, que se corresponderían más bien con su contrapunto cultural isleño: la lucha. Forman parte del bagaje técnico no solo los impactos sino también los derribos y proyecciones.
3. En contraposición con la creencia habitual de una ocultación generalizada de la práctica: la enseñanza libre, e incluso remunerada, está documentada desde el s. XVII sin que ello sea óbice para que dicha ocultación haya podido darse puntualmente y con carácter excepcional.
4. El elemento que justifica el carácter cultural del fenómeno, es la tendencia a la demostración pública en la sociedad canaria de tales sistematizaciones desde tiempos pre europeos hasta la actualidad, en forma de exhibiciones festivas, y desafíos o competencias públicas, ello en tanto que no específicamente ocultas, y ocasionalmente manifiestas. Así son las manifestaciones del juego, que es un concepto inicialmente técnico, las que le dan su sentido el cultural. Las fuentes demuestran sin lugar a dudas que la últimamente recurrente interpretación evolucionista desde una remota enseñanza meramente útil hasta un reciente e inocente juego deportivo, es absolutamente falsa: en el caso canario siempre ha existido la demostración pública de la técnica, imbricada absolutamente con su sentido útil.
5. La competición y la reglamentación forman parte del concepto tradicional del juego del palo desde, al menos, mediados del s. XIX, tal y como se puede demostrar documentalmente, sin que exista ningún motivo para que ello no ocurriera anteriormente. De hecho, si consideramos dentro del mismo fenómeno, como así creemos que debe de ser, las manifestaciones aborígenes: estos dos aspectos los podemos retrotraer, como poco, hasta el s. XVI.
6. Desde un punto de vista estrictamente técnico y centrado en la esgrima de palos, la documentación muestra la existencia de dos grandes tendencias: una que implica el agarre más firme de una mano por el centro o cerca del centro del útil y mientras la otra lo hace por uno de los extremos; y en caso de ser conveniente invertir el lado del acción y de agarre se desliza la mano distal al centro para afirmarse allí mientras que la segunda se lleva al otro extremo, a esto se le denomina como “juego por las dos puntas” o “juego de trozo y punta”. La otra opción es un agarre firme con una mano por un tercio del palo de manera de que por un lado de la mano queda un trozo corto de palo y por el otro uno largo, la otra mano firme se suele disponer (aunque no siempre) en el extremo más corto y, salvo que se produzca un cambio completo del agarre, una mano sustituye a la otra en su papel de agarre firme; a esto se le denomina como “juego por una punta”, “juego de palo largo”, “juego a mano firme” o también “juego de recogidos”.
7. Igualmente, desde esta perspectiva exclusivamente técnica, la fuentes hablan de otras dos tendencias estratégicas de rango aparentemente menor: una que implica el uso de unas posiciones concretas firmes de pies, colocación del palo y lateralidad, las “cuadras”, que responden en movimiento de una forma determinada a la acción del contrario, a la que denominan genéricamente juego de “cuadras firmes o “juego
cerrado”; y otra que evita esta circunstancia en favor de la imprevisibilidad en el ataque, que caracterizan como “juego sin cumplir con las cuadras sobre el terreno” o también “juego abierto”. En este segundo rango, la primera opción parece corresponderse más con el “juego de palo largo y mano fija” del primer rango, mientras que la segunda parece más propia del “juego de trozo y punta”.
Todas las reacciones:

Entradas populares